E PUR SI MUOVE…

Tot es mou i a la vegada resta quiet.

Pareciera una contradicción, pasamos del día a la noche sin solución de continuidad. Caminamos por las horas como si tuvieran vida, como si se movieran. Inventamos los relojes, malditos relojes, para contar los minutos y ponerles precio…Nos convertimos en esclavos del tiempo.

Nos enredamos en las redes de nuestra propia red, somos nuestros propios carceleros. Quisimos encerrar la vida, fragmentarla, contabilizarla…

La Vida No Tiene Precio. La Vida Tiene Valor, y ya lo dijo el sabio poeta que «todo necio confunde valor y precio»

Nuestro hermoso y frágil y poderoso y delicado y equilibrado y perfecto planeta azul, se mueve, gira y se desliza en torno a su sol, sol que lo fecunda y lo llena de vida y los seres sin conciencia que lo habitamos pretendemos encerrar su exquisito movimiento dentro de las agujas de un reloj!

¡Unámonos al baile del planeta y dancemos con la tierra la danza del amor sin tiempo. La danza infinita del universo!

EL UMBRAL DEL RUIDO

Suena el ruido y me quiero ir…

Suenan las voces y me quiero morir…

Suenan canciones, palabras, conversaciones…

Suenan altas las discusiones, las contradicciones…

Suena el ruido absurdo del humano, el ruido de las palabras vacuas, el ruido de las risas y los llantos…ruido y más ruido sin sentido ni fin.

Quiero el sonido de los pájaros, de los ríos, de las hojas de los árboles, de los mosquitos y los escarabajos.

Quiero el maullido de mis gatos y la huella de mis zapatos.

Quiero un mundo sin ruido.

Quiero tu amor hasta el infinito.

SABIOS…¿SABIOS?

Aprendices de sabios viajamos por la vida dando lecciones y repartiendo consejos. ¿Qué sabemos de nada ni nadie para permitirnos semejante osadía?

Imprudentes abrimos la boca demasiadas veces, sin pensar en las consecuencias…Ofendemos a los demás, los subestimamos, como si fuéramos sabios, como si lo hubiéramos superado ya todo, como si…

¡Qué incautos!¡Qué ilusos!¡Qué imprudentes!

No sabemos nada de nosotros mismos y ¿pretendemos conocer a los otros?

Si cada uno se mirara a sí mismo, si supiéramos hacer introspección y ser nuestros propios maestros, tal vez dejaríamos de opinar y ‘salvar’ a los demás.

Cada vida es única, intransferible. El camino es personal, la experiencia individual, el aprendizaje es de cada uno y al ritmo de cada uno. Nadie puede calzarse los zapatos de otro. Superar los traumas, aceptar la vida, aprender a soltar. ..Es un trabajo propio y solitario. Tan solitario como nacer, tan solitario como morir.

DESDE MI ZONA DE CONFORT

Sentada en la tumbona de mi zona de confort, rodeada de amapolas y pétalos en flor, veo pasar las horas envuelta en camisón, me baño, me siesteo, me siento un ruiseñor.

Contemplo a los vecinos, saludo al gato y soy solamente un suspiro, un instante, una voz que clama en el desierto que haya paz y amor para todos los muertos, para los que aún estamos hoy.

PIEL DE TORTUGA

Y un dia te vuelves tortuga…

Se te arruga la piel y caminas despacio, se te engorda la panza y pareces más bajo.

No ves bien de cerca, pero miras lejos, atisbas el mundo sin prisas, perfecto.

El cielo es azul, los pájaros cantan, las nubes también todavía se levantan.

Sopla un viento suave, hueles las fragancias de todas las flores, de todas las plantas.

Eres la tortuga feliz y pesada que todos los nietos desean en su infancia.

Amo ser tortuga.

SER HIJO DE…

Marcados por unos padres únicos, geniales, imponentes. Estigmatizados por sus historias y vidas de película, peliculeros de ficción y de realidad. Somos los hijos de una generación de hombres y mujeres únicos, épicos, epopéyicos. Hijos de los protagonistas de todas las películas…! Infancias marcadas por las películas y los egos de unos padres enormes que nos eclipsaron.

Quisimos emularles, estuvimos a su lado y aprendimos de ellos, pero nunca los superamos.

Hoy nos reunimos entorno a una mesa y siguen protagonizando nuestras vidas, somos sus gestos, sus anécdotas, sus batallas, sus logros, pero los fracasos son nuestros. Ellos fueron los grandes, los maestros, los olvidados, los muertos.

DE RETIRO

Me retiro de retiro, con mi miedo en el ombligo.

Tengo ganas de Pachamama, pero extrañaré mi cama.

Aventura prematura para una vida madura, que se siente joven aunque menos pura.

Me retiro del ruido, del trabajo, del amigo, me voy a buscar la paz para mi mente voraz.

Sé que no será fácil, sentir el miedo a la soledad, al silencio de la noche, el miedo a la oscuridad…

Pero me sigue la luna que de noche a mí me acuna y el silbido de los pájaros y el rumor del agua pura.

Me retiro del asfalto por poco tiempo y mucho rato, para encontrarme a mí misma y dejar de ser un pato.

EL BILLAR, LA PETANCA Y LOS PASEOS

Muchos años cabalgando a toque de despertador, corriendo de lado a lado, cansado y madrugador.

Pareciera que la vida se te escapa de las manos, todo son prisas, calvarios…

Has de cumplir un horario, trabajar, ser el mejor…

Te descubres tras tu sombra vestido de emperador.

Trajeado y con corbata, ¡pareces todo un señor!

Has producido, ganado, disfrutado y derrochado…

Has conducido los coches más modernos del mercado.

Y un día no vales nada, no te quiere la afición, te levantas jubilado, has perdido la ilusión…

…O eso creías hermano, porque la vida de nuevo se abre paso ante tus años.

Años de canas, paseos, de petanca y muchos besos.

Los besos sin calendario, los besos de tus mejores años.

QUE VIENEN LOS RUSOS…

Mihail y Svetlana llegaron despacio, no nos dimos besos, sólo alguna mano.

Les miré a los ojos, vacíos, cegatos…

Olían a dinero sin ningún recato.

Miraron la casa como por encima, no oyeron los pájaros, ni olieron las viñas.

Las flores se dieron la vuelta a su paso y las margaritas cruzaron sus brazos.

Los gatos maullaban, ladraron dos perros…los rusos se fueron por dónde vinieron.

CERES

Érase una vez un planeta pequeño, se llamaba Ceres, de ahí es de donde vengo.

Con cara de niña viajaba desnuda, llegué de puntillas tocando la luna.

Ojos de utopía, lengua de aventura, creí que la vida era tierna y pura…

No entendí el horror, no pude ni olerlo, cuando desperté en medio del infierno.

La vida era dura decían los abuelos, nunca quise verlo, no tenía resuello…

Mirada inocente de ser desvalido, jamás aprendí a andar el camino.

Y ya en la tercera edad de mi vida quiero regresar al punto de partida, oír las luciérnagas y ver a los patos cómo sobrevuelan sin alas los campos.

Quiero ver el sol sin poder quemarme, quiero ir a la luna sin tener que despertarme, saltar el abismo, navegar los mares, sentirme ligera, volar, despertarme de este sueño denso, de tanta amargura, de la distopía inútil y oscura.