AMAWTA FERNANDO

Un hombre sabio y honesto ha llegado a nuestras vidas. Se llama Fernando Ergueta. Es Amawta, es nuestro guía.

Es maestro de maestros nos dice con humildad, conoce todos los riesgos de hablar poco y hacer más.

Es Amawta por derecho, por vocación y bondad, ha vivido en muchos tiempos, en la montaña y el mar.

La Tierra es su paraíso, su retiro y sanación, es un hombre, sabio y bueno, es mi amigo, eso creo yo.

Te doy las gracias Amawta por tu esencia sabia y pura, tu ser es tierno, amoroso, potente y con mucha hondura.

Espero que por mucho tiempo pueda escuchar tus palabras y compartir muchos ratos entre risas sanas y puras.

Como cuando éramos niños, como cuando éramos dioses.

TODO EL TIEMPO DEL MUNDO

Y…ahora repente resulta que tenemos tiempo. El mundo se para y el reloj humano se detiene un rato, un mes, un momento. ¿Qué extraño misterio es eso del tiempo? Calendarios, horas, minutos…absurdas palabras vacías de  contextos.

Tiempos de familia con quien hace tiempo ni siquiera coincidías ni por un momento. Tiempo para jugar con los niños que tienen tanto tiempo que no entienden porque ya no hay horarios ni colegios.

Tiempo de tertulias con nosotros y nuestros misterios, tiempo para mirarnos un poco más adentro y vernos tan tiernos y tan indefensos!

Tiempos para el miedo y para el desconcierto, para la esperanza y el discernimiento, tiempo para amarnos sin contar el tiempo, sin despertadores ni remordimientos.

El tiempo es ahora querido murciélago, escápate de prisa antes de que no haya tiempo, te tienen rodeado, te acusan sin pruebas, no te tienen respeto de eso ya hace tiempo. Siempre tiene la culpa el más indefenso.

Busquemos vacunas, pociones, ungüentos y recompongamos tanto desperfecto. Aún tenemos tiempo.

ORACIÓN A LA MADRE TIERRA

Perdónanos Madre, porque no sabemos lo que hacemos…perdónanos Madre Tierra por difamarte y maltratarte, por hacerte responsable de todos nuestros males.

Ingrato ser humano que no conoce sus límites y culpa a la naturaleza de todos sus desmanes.

No nos dejes caer en la tentación de hacerte culpable también de este desastre, danos la claridad necesaria para desentrañar la mentira y el abuso y el control que se oculta tras esta pandemia provocada y descontrolada.

Y líbranos del mal de caer en la enfermedad de los hospitales y en los ensayos clínicos. Protégenos de ser conejillos de indias para un progreso infinito y perverso que fagocita a sus pretendidos beneficiarios.

Por siempre agradecida a tu bendito vientre que nos da de comer y que siempre se regenera para que puedan vivir en tu regazo todos los animales, y las plantas y los hombres de buena voluntad.

Así sea por siempre. Amén 💚

RODEADA DE GORRIONES

Rodeada de gorriones, de mirlos y de palomas, esta loca cuarentena resulta menos incómoda.

Doy las gracias cada día, por este mi paraíso, entre flores, entre uvas, limones y muchos higos.

Se oyen perros a lo lejos, gallos, y algunos vecinos, pero aquí impera el silencio de la montaña y el viento te susurra en el oído.

Mientras preparas tu almuerzo y te miras el ombligo, pienso en todas las cuidades con sus niños aburridos, en los viejos moribundos y en todos los despedidos.

Y sigo dando las gracias por mi suerte merecida, ojalá que todo el mundo también la tenga algún día.

SIN PALABRAS

Me he quedado sin palabras como casi todos, intentando comprender lo inexplicable, aceptar lo inaceptable y vivir sin tiempo y sin prisa.

Me he quedado muda y sorda, casi ciega ante tanta incongruencia, ante los contagios y los extraños virus surgidos de la nada.

Me he quedado paralizada, confinada y confiada en que esta pesadilla sea solo eso, un mal sueño inventado por los malos de la película, que tienen a nuestros niños atrapados en sus casas y nuestros abuelos muriendo en soledad

Me he quedado sola con mis pensamientos, como tú con los tuyos y vosotros y aquellos… Pero en el fondo de tanto desconcierto, sobreviene una esperanza, aún no estamos todos muertos, y los que de ésta salgamos, lo haremos con la fuerza del corazón ileso, renovado, hermanado y despierto. Ya nada será igual, seguramente es cierto, seremos mejores, invencibles, honestos, nos daremos las manos, habrá abrazos y besos, y con nuestra mirada nos sabremos eternos.

VALIENTE

Me inclino ante tí, mujer sabia y valiente.

Me inclino ante tu sabiduría antigua y verdadera, ante tu bondad infinita y ante tu inmensa belleza.

Eres la mamá impoluta que todos quisiéramos tener, la madre solícita, la belleza hecha mujer.

Tu sagrado útero ha parido un bebé y te llenas de alegría, de gracia y de poder.

Me inclino ante tí y te reconozco como madre eterna, como hija perfecta, como mujer y como hembra que siembra vida y amor por donde quiera.

Eres poderosa, eres auténtica, eres un faro de ejemplo y fortaleza.

Me inclino ante tí y te reconozco maestra.

LA VACUNA DE LA ESPERANZA por Gabriel Magalhâes

En nuestra juventud y edad madura, creemos saber muchas cosas cuando, en realidad, lo que nos pasa es que, sencillamente, deseamos que se note que existimos. Un adolescente suele hablar disparando cañonazos, lanzando bombas, y lo mismo pasa con los adultos que nos ametrallan con sus opiniones. Con el paso de los años se aprende que todo eso son cohetes lanzados en el cielo del destaque que desearíamos obtener. Y, poco a poco, uno admite saber cada vez menos cosas, pero esas tienen hondura y funcionan como ventanas abiertas para amplios horizontes.

Una de las lecciones que el tiempo me ha enseñado es que no hay cosa mala que no pueda dar origen a una realidad buena. Todo, incluso los desastres, conspira para la posibilidad del bien. A veces necesitamos algún tiempo para descubrir la senda de bondad que nace de las embestidas de la desgracia. Pero tarde o temprano nuestra mirada se ilumina, las tinieblas se disuelven y ahí está en fin un camino de claridades.

La pandemia del coronavirus es en este momento una fotografía ­borrosa. Podemos darle las vueltas que queramos a la lente de comprender que algo quedará siempre desenfocado. El tiempo de esta enfermedad y sus consecuencias nada tiene que ver con el trepidante ritmo informativo. Se impone, pues, la cautela en lo que se dice, en lo que se escribe. La sociedad ha pasado ya por una fase humo­rística, en la que este virus permitía todo tipo de bromas, y ahora hemos en­trado en una etapa apocalíptica, con la gente combatiendo el fin del mundo con munición encontrada en los anaqueles de los hipermercados.

Creo que algo está claro: esta enfermedad será un reto para Europa. En primer lugar, un desafío técnico: ¿cómo superarán, por ejemplo, nuestros sistemas sanitarios resquebrajados por la austeridad de estos últimos años el problema de la multitud de personas que a ellos acudirá? En segundo lugar, será puesto a prueba el civismo de la población: ¿logrará una sociedad aparentemente algo desestructurada hacer frente a esta crisis? Por fin, surge la cuestión económica. Algún día nos pasarán la factura, pesada seguramente, de las medidas que ahora estamos teniendo que tomar. Ante este secreto, silencioso terremoto sanitario del coronavirus, cuyo grado en la escala de Richter aún está por determinar, no sabemos qué se derrumbará y qué seguirá en pie.

Pero también hay paisajes positivos que se abren. En primer lugar, mientras el mundo se desacelera, como un tiovivo que se detiene, nos estamos dando cuenta de que el planeta y nuestras vidas en él podrían ser diferentes. Es verdad que habrá serios problemas económicos, pero de momento el coronavirus ha derrotado al dinero, quizá la divinidad más cruel de la actualidad. Las bolsas nos sueltan latigazos todos los días, a ver si volvemos a darle vueltas a la noria financiera, pero no les hacemos mucho caso. De repente, ya no se adora al dios déficit en los altares de la política europea. Y es hermoso que, por fin, le demos a la vida humana más valor que a los billones de la globalización.

El mundo actual es un vertiginoso correteo de la codicia alrededor de la Tierra. Esta avidez ciega está socavando los equilibrios naturales. Hoy en día, el Saturno de Goya tiene entre sus garras a nuestro planeta, que devora estúpidamente. No obstante, a la Tierra le bastará con desperezarse, cambiando su clima, por ejemplo, para hacernos añicos. La pausa impuesta por el coronavirus plantea que este carrusel planetario de insaciables actividades lucrativas no es fatal. Gradualmente, los cielos son más claros, el aire más puro. Se otea así la posibilidad de una globalización más mesurada y razonable. De hecho, las enfermedades pueden permitir que nos replanteemos nuestra vida. Y, a veces, después de sufrirlas, nacemos de nuevo para una biografía completamente distinta.

Este es el reto más sutil del actual desafío sanitario: cuando todo esto se acabe, ¿querríamos vivir como lo hemos hecho estos últimos años? Esta pregunta ganará profundidad a lo largo de los días, al mismo tiempo que el dolor irá, desgraciadamente, aumentando con una escalada, aún imprevisible, del número de víctimas, cada una de ellas un precioso ser humano al que debemos rendir homenaje.

Es muy importante cumplir con las medidas de prevención. Debemos profesar, en las celdas de nuestras casas, como monjes cartujos de la emergencia sanitaria. Pero el cumplimiento de estas normas genera una extraña ceguera, que nos transforma en topos enterrados en sus gestos rituales. Por consiguiente, mientras el tiempo no pasa en las ventanas que nos rodean, reflexionemos. Recemos nuestras memorias y pensamientos. Tarde o temprano entenderemos que quizá todo esto constituya una invitación a que vivamos de otra manera. “Hoy es el primer día del resto de mi vida”, canta el músico portugués Sérgio Godinho. El deseo y la esperanza de un mundo mejor, más sereno y equilibrado, pueden ser una vacuna contra muchos de los miedos, de las angustias que está generando el coronavirus.

MATERNIDAD – JOSÉ PEDRONI

Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura, durante nueve lunas crecerá tu cintura.

Y en el mes de la siega tendrás color de espiga,vestirás simplemente y andarás con fatiga. —El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,y a vino derramado nuestro mantel tendido—

Si mi mano te toca, tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca lo mismo que una copa. El cielo de tus ojos será un cielo nublado. Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río…

Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta para el hombre de pala y la mujer de cesta; el día que las madres y la recién casadas vienen por los caminos a las mismas cantadas; el día que la moza luce su cara fresca,y el cargador no carga, y el pescador no pesca…—tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata tenga catorce noches y espolvoree plata sobre la paz del monte; tal vez el villaje llueva calladamente; quizá yo esté de viaje…—

Un día un dulce día con manso sufrimiento, te romperás cargada como una rama al viento, y será el regocijo de besarte las manos, y de hallar en el hijo tu misma frente simple, tu boca, tu mirada, y un poco de mis ojos, un poco, casi nada…

A MI NIETO

Y mientras todo parece derrumbarse, tú asomas dándonos esperanza.

Has elegido un momento complicado, parece que nada volverá a ser como antes…¿Mejor? ¡Quiero pensar que sí! Hemos llegado al límite y hace tiempo que este modelo de vida no da más de sí. Nos han puesto freno con forma de virus y progresivamente el modelo de sociedad que teníamos se va derrumbando cual castillo de naipes.

No sé si ha sido premeditado, por azar, por error…Pero lo que intuyo es que a pesar del aparente caos y la inestabilidad económica y el incierto futuro, a pesar de los que desgraciadamente se queden por el camino, a pesar de todo, será para bien. No puede ser de otro modo. No vendrías a este mundo si no fuera así.

Siempre ha sido incierto el futuro, pero somos muchos los que confiamos en él, y desde nuestra conciencia de amor y fe, elevamos nuestra frecuencia vibratoria para contrarestar, para neutralizar, para desactivar todos los virus, todos los males y maldiciones reales o inventadas.

La vida siempre se abre paso y esta noche tú llegarás a este mundo para darnos esperanza.

Bienvenido Bruno💜

UNA BENDICIÓN

Gracias a la vida por esta oportunidad

Gracias por regalarnos tiempo

Gracias por pararnos y dejarnos vivir

Gracias por quitarnos la obligación de seguir corriendo para llegar a ninguna parte.

Gracias por la oportunidad de reflexionar y ver qué es lo importante

Gracias por mi familia, por mi casa, por mi alimento, por el aire que repiro, por el sol que cada dia me acompaña, por la luna y las estrellas, por la lluvia y por el viento, por mi jardín y mis gatos, por mis flores y mi huerto, por mis cachivaches y mis ropas, por todos mis pensamientos que me invitan a parar y seguir agradeciendo.

Este vida es un regalo y tengo que agradecerlo. Tomémonos de las manos aunque sea desde lejos.