Tus hijos no son tus hijos son hijos e hijas de la vida deseosa de si misma. Y tú los has parido, dado de comer, bañado. Les has contado cuentos, reñido, abrazado.
No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.Y crecen y crecen y siguen creciendo y un día resulta que eres tú el pequeño.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues, ellos tienen sus propios pensamientos. Os une un amor antiguo, ancestral, pero vuestras vidas ya no son igual.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas, viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños. Un mañana distinto de tu ahora, donde solo el respeto y el cariño os permiten convivir juntos.
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer. Y verás que su vida y la tuya se separan y que tus costumbres se diluyen en el océano de su ahora.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad. Y sin hacer mucho ruido, ve alejándote, porque tú recuerdo será tu mejor virtud.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad. La felicidad que seguro encontrarán cuando miren de reojo desde su madurez y se reconcilien contigo.
Desde niños nos vemos obligados a hacer cosas que no queremos: ir al cole, comer lo que no nos gusta, dejar de jugar para ir a dormir, obedecer órdenes absurdas como no mojarnos con la lluvia, ni ensuciarnos con el barro.
Desde niños nos acostumbramos a correr para no llegar tarde, a hacer cosas que no queremos…
Y cuando dejamos la infancia, progresivamente dejamos de jugar y empezamos a sufrir por todo: aprobar un examen, buscar un trabajo, encontrar el amor.
La vida se convierte en un castigo que espera ese momento frugal de las vacaciones para volver a hacer lo que queremos.
El problema es que hemos olvidado lo que queremos y las vacaciones se convierten en días de descanso y consumo a partes iguales.
Vivir es otra cosa.
Vivir es disfrutar, descansar, jugar, compartir canciones, poesías, rica comida, cuidar el cuerpo, relajar la mente, olvidar la crítica.
Vivir es estar de vacaciones siempre, agradeciendo cada momento, cada mañana, cada atardecer. Respetando los ritmos vitales. Imitando a los animales y observando las infinitas maravillas que nos rodean.
Ah! Que hay que trabajar, ir al cole, pagar para tener una casa y un plato de comida.