Desde niños nos vemos obligados a hacer cosas que no queremos: ir al cole, comer lo que no nos gusta, dejar de jugar para ir a dormir, obedecer órdenes absurdas como no mojarnos con la lluvia, ni ensuciarnos con el barro.
Desde niños nos acostumbramos a correr para no llegar tarde, a hacer cosas que no queremos…
Y cuando dejamos la infancia, progresivamente dejamos de jugar y empezamos a sufrir por todo: aprobar un examen, buscar un trabajo, encontrar el amor.
La vida se convierte en un castigo que espera ese momento frugal de las vacaciones para volver a hacer lo que queremos.
El problema es que hemos olvidado lo que queremos y las vacaciones se convierten en días de descanso y consumo a partes iguales.
Vivir es otra cosa.
Vivir es disfrutar, descansar, jugar, compartir canciones, poesías, rica comida, cuidar el cuerpo, relajar la mente, olvidar la crítica.
Vivir es estar de vacaciones siempre, agradeciendo cada momento, cada mañana, cada atardecer. Respetando los ritmos vitales. Imitando a los animales y observando las infinitas maravillas que nos rodean.
Ah! Que hay que trabajar, ir al cole, pagar para tener una casa y un plato de comida.
Creo que nos hemos equivocado de planeta.