EN LOS CUARTELES DE INVIERNO

Escondidos, refugiados en los cuarteles de invierno, esperando a que amanezca, a que se acabe este juego.

Contemplando la entereza, la paciencia y el sosiego que nos permiten pasar estos años sin recelos.

Somos los afortunados, elegidos desde el cielo, para vivir este tiempo de incertezas y desvelos.

Para salir reforzados, para reírnos del miedo, para crear otro mundo, más justo, mucho más bello.

Porque para eso vinimos a vivir en este tiempo, para que tu, yo y tú hermano, dejen ya de tener miedo.

Llegó el tiempo de la luz, humano pequeño y tierno , abre bien tu tercer ojo, eres el amo del tiempo.

Tú creas tu realidad, tú sanas, tu eres un genio, empieza a creer que puedes, que sólo tú eres tu dueño.

REBOZADA DE SAL

Rebozada de sal, empapada de sol, embriagada de mar y llena de tu amor.

Abrazo hoy este día de sacra curación, dejándome sanar, rindiéndome a tu don.

Conectada a la tierra y al mar donde aprendí que las olas son buenas cuando las ves venir.

Envuelta en mil estrellas, rebozada de sal, preñada de tus rayos, padre sol, madre mar.

Hoy he vuelto a nacer, como hago cada vez que me entrego sin miedo, que me dejo vencer por el poder del cielo, por el agua bendita, por la luz de mi ser, por mi esencia infinita.

HOY LOS PAJARITOS CANTAN

Hoy los pajaritos cantan y las nubes se levantan.

El alma sueña y el cielo está despejado de nuevo.

Hace sol y las montañas se ríen a carcajadas de los virus las bacterias, de miedos y de monsergas.

Ellas tienen la paciencia que le hace falta a la ciencia.

Ellas conocen ciclos y no hacen el ridículo.

Fúndete con ese árbol y despierta del letargo.

Hace sol hace, buen día. Ha empezado la utopía.

El mundo que tú has soñado lo tienes entre las manos.

Eres el sabio, el maestro, eres el rey del mambo, hermano.

Se acabaron las miserias, se acabaron las pandemias.

La realidad la creamos sin pensar en los villanos.

Activa tu tercer ojo, ese que tienes dormido y empieza a crear el mundo, ese que siempre has querido.

PROMÉTEME – THICH NHAT HANH

Prométeme,
prométeme hoy mismo,
prométeme ahora,
con el sol en lo alto
justo en el cénit,
prométeme:
aun si te abaten
con una montaña de violencia y odio,
aun si te pisan y aplastan
como a un gusano,
aun si te rompen y destripan,
que recordarás, hermano,
recordarás
que el hombre no es nuestro enemigo.

Lo único digno de ti es la compasión:
invencible, ilimitada, incondicional.
El odio nunca te dejará enfrentarte a la bestia en el hombre.

Y un día, cuando te enfrentes a esta bestia solo,
con tu valor intacto, los ojos tranquilos,
llenos de bondad, (aunque nadie los vea),
de tu sonrisa
nacerá una flor.

Y aquellos que te aman
te estarán contemplando
a través de diez mil mundos de nacimiento y muerte.

Solo de nuevo,
caminaré con la cabeza inclinada
sabiendo que el amor es ahora eterno.
Sobre el largo y duro camino,
el sol y la luna
seguirán brillando.

PASAR DEJANDO HUELLA

Pasar por este mundo ¿redondo?, verde, hermoso y que cuando te vayas te sientas bien dichoso.

Porque tus días sirvieron para alegrar a otros.

Te costó media vida activar tu pineal, estaba bien dormida después de tanto andar.

Pero tú no viniste a este mundo a estudiar, te sacaste pasaje para poder brillar.

Y así desempolvaste tu sagrada pineal, tu tercer ojo sabio bien escondido está. Él siempre está esperando para salir a actuar. Es el ojo de Horus, es el Santo Grial.

Es la pieza perfecta que debes encajar para al fin darte cuenta de tu infinito potencial.

Es todo muy sencillo, dentro de ti está, buscamos en los libros lo que sabemos ya. Llamamos a los sabios, sin saber apreciar la gran sabiduría que vive en tu interior.

Despierta del letargo humano sufridor. Se acabó el sufrimiento, sana ya tu dolor.

Aprovecha el regalo de tu Ser Superior, regala tu cariño, expande bien tu amor. Y al final de tus días, siéntete merecedor, dejaste huella amigo, habló tu corazón.

(parte del libro EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ACCRA ) – PAULO COELHO

Voy a mirar este dí­a como si fuera el primero de mi vida.
Veré a las personas de mi familia con sorpresa y asombro, alegre por descubrir que están a mi lado, compartiendo en silencio algo llamado amor, muy mencionado, poco entendido.

Pediré acompañar a la primera caravana que aparezca en el horizonte, sin preguntar hacia dónde está yendo. Y dejaré de seguirla cuando algo interesante me llame la atención.
Pasaré ante un mendigo que me pedirá una limosna. Quizás se la dé, quizás piense que se la gastará en bebida y siga adelante, escuchando sus insultos y entendiendo que ésa es su forma de comunicarse conmigo.

Pasaré ante alguien que está intentando destruir un puente. Quizás intente impedirlo, quizás entenderé que lo hace porque no tiene a nadie que le espere del otro lado, y de esa manera procura espantar su propia soledad.
Miraré a todo y a todos como si fuera la primera vez, principalmente las pequeñas cosas, a las cuales me habitué, olvidando la magia que las rodea. Las dunas del desierto, por ejemplo, que se mueven con una energí­a que no comprendo, porque no consigo percibir el viento.

En el pergamino que siempre cargo conmigo, en vez de anotar cosas que no puedo olvidar, escribiré un poema. Aunque jamás lo haya hecho y aunque nunca más lo vuelva a hacer, sabré que tuve el valor de poner mis sentimientos en palabras.
Cuando llegue a un poblado que ya conozca, entraré por un camino distinto. Estaré sonriendo, y los habitantes del lugar comentarán entre sí­: “Está loco, porque la guerra y la destrucción volvieron la tierra estéril”.

Pero yo seguiré sonriendo, porque me agrada la idea de que piensen que estoy loco. Mi sonrisa es mi forma de decir: “Pueden acabar con mi cuerpo, pero no pueden destruir mi alma”.
Esta noche, antes de partir, me dedicaré a un montón de cosas que nunca tuve la paciencia de poner en orden. Y acabaré descubriendo que ahí­ está un poco de mi historia. Todas las cartas, todas las notas, recortes y recibos cobrarán vida propia y tendrán historias curiosas, del pasado y del futuro, que contarme. Tantas cosas en el mundo, tantos caminos recorridos, tantas entradas y salidas en mi vida.

Me voy a poner una camisa que suelo usar siempre y, por primera vez, prestaré atención a la forma en que fue cosida. Imaginaré las manos que terciaron el algodón, y el rí­o en donde nacieron las fibras de la planta. Entenderé que todas esas cosas, ahora invisibles, forman parte de la historia de mi camisa.
Y aun las cosas a las cuales estoy habituado, como los zapatos que se transformaron en una extensión de mis pies después de mucho usarlos, se revestirán del misterio del descubrimiento. Como camino en dirección al futuro, él me ayudará con las marcas que quedaron cada vez que tropecé en el pasado.
Que todo lo que toque mi mano, vean mis ojos y pruebe mi boca sea diferente, aun cuando siga igual. Así­, todas las cosas dejarán de ser naturaleza muerta y me explicarán por qué han estado conmigo tanto tiempo, y manifestarán el milagro del rencuentro con emociones que ya habí­an sido desgastadas por la rutina.

Probaré el té que nunca bebí­ porque me dijeron que era malo. Pasaré por una calle que nunca pisé porque me dijeron que no tení­a nada interesante. Y descubriré si quiero volver ahí­.
Quiero mirar el sol por primera vez, si mañana hiciera sol.

Quiero mirar hacia dónde caminan las nubes, si el tiempo estuviera nublado. Siempre creo que no tengo tiempo para eso o no le presto la suficiente atención. Pues bien, mañana me concentraré en el camino de las nubes o en los rayos del sol y en las sombras que provocan.
Encima de mi cabeza existe un cielo con respecto al cual la humanidad entera, a lo largo de miles de años de observación, tejió una serie de explicaciones razonables.

Pues me olvidaré de todas las cosas que aprendí­ sobre las estrellas, y ellas se transformarán de nuevo en ángeles, o en niños, o en cualquier cosa en la que tenga ganas de creer en ese momento.
El tiempo y la vida me dieron muchas explicaciones lógicas para todo, pero mi alma se alimenta de misterios. Yo necesito el misterio, ver en el trueno la voz de un dios embravecido, aunque muchos consideren que eso es una herejí­a.
Quiero llenar de nuevo mi vida de fantasí­a, porque un dios embravecido es más curioso, aterrador e interesante que un fenómeno explicado por sabios.

Por primera vez sonreiré sin culpa, porque la alegrí­a no es un pecado.
Por primera vez evitaré todo lo que me hace sufrir, porque el sufrimiento no es una virtud.

No me quejaré de la vida diciendo: todo es igual, no puedo hacer nada por cambiar. Porque estoy viviendo este dí­a como si fuera el primero, y descubriré a lo largo de él cosas que jamás supe que estaban ahí­.
Aunque ya haya pasado por los mismos lugares incontables veces, y dicho “Buenos dí­as” a las mismas personas, hoy mis “Buenos dí­as” serán diferentes. No serán palabras educadas, sino una manera de bendecir a los demás, deseando que todos comprendan la importancia de estar vivos, aun cuando la tragedia nos ronda y nos amenaza.
Prestaré atención a la letra de la música que el rapsoda canta en la calle, aunque las personas no lo estén escuchando porque tienen el alma sofocada por el miedo. La música dice: “El amor reina, pero nadie sabe dónde está su trono / para conocer el lugar secreto, primero tengo que someterme a él”.
Y tendré el coraje de abrir la puerta del santuario que conduce hasta mi alma.

Que me mire a mí­ mismo como si fuera la primera vez que estuviera en contacto con mi cuerpo y con mi alma.
Que sea capaz de aceptarme como soy. Una persona que camina, que siente, que habla como cualquier otra, pero que, a pesar de sus faltas, tiene valor.
Que me admire de mis gestos más simples, como conversar con un desconocido. De mis emociones más frecuentes, como sentir la arena tocando mi rostro cuando sopla el viento que viene de Bagdad. De los momentos más tiernos, como contemplar a mi mujer durmiendo a mi lado e imaginar lo que está soñando.
Y si estuviera solo en la cama, llegaré hasta la ventana, miraré el cielo y tendré la certeza de que la soledad es una mentira: el Universo me acompaña.
Entonces habré vivido cada hora del dí­a como una sorpresa constante para mí­ mismo. Este Yo que no fue creado ni por mi padre, ni por mi madre, ni por mi escuela, sino por todo aquello que he vivido hasta hoy, que olvidé de repente y que estoy descubriendo de nuevo.

Y aunque éste sea mi último dí­a en la Tierra, aprovecharé al máximo todo lo que pueda, porque lo viviré con la inocencia de un niño, como si estuviera haciendo todo por primera vez.

MÍRATE EL OMBLIGO

Si, si, tal como suena…

Mírate el ombligo porque vale la pena. Porque no hay nada afuera más bello e importante. Porque fue por tu ombligo por donde un día llegaste.

Mírate el ombligo como si no hubiera mañana. Y míratelo bien, hasta llegar a tus entrañas.

Él sabe tus secretos y todas tus costumbres. Tu ombligo es un misterio, escucha sus mensajes.

Tu ombligo te conecta con tu esencia más pura, con esa voluntad que traes de las alturas.

Tu ombligo es el canal que conecta tu mundo con todos tus ancestros y con todos los mundos.

Tu ombligo te conoce, estás hecho de sueños, y te devuelve al niño, a ese niño pequeño, que ya lo sabe todo sin haberlo aprendido porque ya trae de fábrica su saber más divino.

Tu ombligo, ese olvidado, ese desconocido, ese vilipendiado, ese mal entendido.

No, no es malo mirarse el ombligo, de hecho es obligado y te estará agradecido.

A ver si de una vez aprendes a quererte, a mirarte de frente, a saber comprenderte. A escuchar esa voz que te habla al oído y te dice: «pequeña mírate más tu ombligo»

TU eres una estrella, un faro, un torbellino. Tu tienes las respuestas, conoces el camino. Atiende a tus impulsos, escucha tus latidos, tu ombligo es el portal a lo desconocido. Las llaves de esa puerta que siempre has olvidado están hoy a tu alcance. Tu eres tu destino.

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

«Cuatro esquinas tiene mi cama, cuatro ángeles la acompañan. La virgen María en medio y Dios que nos dé buen sueño.»

…Y nos íbamos a dormir tan contentos.

Ahora que muchos ya no creen en ángeles ni en vírgenes y la mayoría tampoco cree en Dios. Ahora que el médico es el nuevo sacerdote y la ciencia la nueva religión…

Ahora que las ciencias han adelantado tanto que han dejado de lado a la intuición…

Es ahora cuando más necesitamos a ese Ángel que duerme en un rincón.

A ese Jesusito que, escondido, cuida de tu sueño y vela por tu corazón.

A ese Dios que se oculta en tu pecho y que aún no te has dado cuenta de que es tu otro yo.

Eres dios y eres diosa y eres ángel y eres tan grande y bello como el sol. Y aunque insistan en querer opacarte, sigues brillando entre tanto nubarrón.

Confía en la vida precioso ser humano, no es en vano que hoy estés aquí. No tengas miedo y agarra mi mano, juntos saldremos por fin de este jardín. De este sendero tan mal iluminado, de este mar tan loco y tan febril.

Somos ya muchos los que hemos despertado. No estamos solos y esto no es el fin.

Confía, precioso ser humano, ten fé en la vida y sobre todo en ti. No has escogido este momento en vano. Tienes una misión. Por eso estás aquí.

Hemos cruzado el Rubicón, nos merecemos un mundo más humano, la tierra prometida, ese mundo feliz que todos los niños alguna vez soñamos… el paraíso terrenal ya está hoy aquí.

Abre los ojos, extiende bien tus manos. No temas nada porque Dios vive en ti.

MANTENER EL TIPO

Ejercicio de constancia nos toca hacer compañeros.

Mantenernos bien despiertos con las antenas al viento.

Aprovechar los momentos cuando el cielo es más azul, hoy que por suerte divina no nos tiran porquería.

Mirarnos en el espejo y decirnos cosas lindas.

Aprovechar los momentos, no siempre tenemos ganas.

Confiar en ese sol que siempre, siempre te abraza, él no cree en tus ‘bajones’, él siempre alumbra tu casa.

Tener paciencia, esperanza, confianza y siempre más.

Saber que al fin todo llega cuando tiene que llegar.

Y mientras tanto, dar gracias por todo lo que puedas dar.

Hasta por esos resfríos que debilitan tu caminar.

Hoy me siento bajo el sol de este invierno soleado y abrazo mi alma bonita y me tomo de la mano y me acaricio la cara y me canto una canción y espero con confianza a que amaine el chaparrón.

PINO – CUATRO LETRAS PODEROSAS

Eres el rey de los bosques, pino verde, pino sabio.

Tus hojas como cuchillas llenan todos los espacios.

Nos regalas los piñones, nos refrescas las mañanas, das de comer a los pájaros y le regalas vitaminas a mi alma.

En las escuelas debieran enseñarnos la botánica, ese poder poderoso que tienen todas las plantas.

Con las agujas del pino sanaríamos nuestras cuitas.

¿Sabíais que con sus agujitas conseguimos vitaminas?

Y del vapor de sus hojas obtenemos un aceite esencial maravilloso.

El aceite esencial de pino, ya fue investigado en tiempos Hipócrates, padre de la medicina occidental, cuyo lema era procurar la salud y el bien de los enfermos.

Han pasado muchos años y los juramentos a veces cuestan de mantener, sin embargo nuestro amigo el pino y su aceite esencial siguen, como entonces, proporcionándonos sus beneficios humildemente: nos dan paz y sosiego, nos revitalizan la mente y el espíritu y nos conectan con nuestra Madre Tierra.

Respira el aroma del aceite esencial de pino y ensancha tus pulmones

Date un buen masaje en tus músculos tensionados después de hacer ejercicio.

Y si tienes animales y quieres repeler a las pulgas y piojos, no dejes de usarlo.

El pino es un tesoro y su valor no tiene precio.