…Y poco más.
El resto es pasado.
…Y poco más.
El resto es pasado.
Desde un lugar muy lejano, en donde todo es paz y tranquilidad, te escribo alma mía que me acompañas desde antaño.
Desde ese lugar que no recuerdo con mi cerebro humano y limitado, te siento alma y te animo a seguir dándome abrigo en las noches de colapso.
Esas noches traicioneras en las que la mente te invade con realidades que te hacen sufrir.
Y sufres porque tu mente te miente, te engaña, te muestra una realidad que no existe. ¡Hay tantas realidades! ¿Por qué escoger la que te hace sufrir? Escoge la amorosa, la bella, la maravillosa, la que sueñas, la que anhelas, la que te mereces por derecho divino. Porque somos dioses envueltos en trajes de celofán que no nos dejan respirar. Libérate de los trajes que te ahogan, despliega las alas y… vuela.
Y te asomas a la azotea de la vida y el viento del norte te azota en la cara.
Respiras, recuerdas que la misma circunstancia nunca se repite, ni las mismas caras.
Tu historia es personal e intransferible, los amores y odios no se heredan. Y nunca aprendes de tus mayores. Cada uno tiene que caminar su senda.
Cuando envejeces, piensas más en tu madre, en tantos desencuentros y miserias, en las conversaciones inacabadas, en el abismo generacional y en el profundo amor con el que la recuerdas.
Y la ves en tus manos y en tus canas y en cada arruga te pareces más a ella. La imaginas anciana y siempre bella, pero ella nunca quiso hacerse vieja.
Y es que la vida trae las cartas marcadas y no se puede regresar al ayer. Sólo aceptar y mirar el mañana, con la seguridad de que lo hiciste bien ayer.
Al menos lo hiciste como tu alma anhelaba, con tu corazón latiendo a flor de piel, con tanto amor como supiste, con la misma esperanza hoy que ayer.
Una vida a veces se hace corta para entender a todos los que te aman, así que ámalos igual sin entender.
Aprender a no hacer nada no es holgazanear. Aunque la mente lo intente no te dejes apabullar por sus mensajes hirientes.
No hacer nada es hacer más si estás consciente, si eres consecuente, si unificas tu pensar, con tu hacer y tu decir. Y te sientes respirar hasta el fondo, sin sufrir.
No hacer nada es meditar, y en estos convulsos tiempos, vale más no dar palos de ciego.
Noticias de aquí y de allá…
Empieza a diseccionar la realidad que se ofrece como si fuera verdad.
Parece que nadie sabe lo que tiene que pasar, lo cierto es que el sol de tarde dentro de un rato se irá y mañana volverá a alumbrar en tu ciudad.
Mientras no se oscurezca el sol, seguiremos el camino, escucha a tu corazón, ese es tu único destino.
Allá por el siglo pasado se despertó mi pasión, de la mano de mi padre que supo poner el bombón en mi boca de inocente niña con ilusión.
Y yo solita elevé a los altares un oficio apasionante, que se ejecutaba a oscuras, de incógnito, sin estandartes.
Un oficio de artesanos, apasionados amantes de la actuación, de la radio, del cine y de todas las artes.
Y no supe mesurar mi pasión desmesurada y sublimé una profesión que hoy no vale casi nada.
Y no fue culpa de nadie, ya se sabe que los tiempos cambian y lo que ayer era ley hoy no sirve, ni hace falta.
Acomódate al presente, no sublimes casi nada, nada vale más que tú, no le des tanta importancia.
Un trabajo es un trabajo. La vida es otra cosa, hermana, la magia la tienes tú, no está en ninguna pantalla.
Shhh! Cállate¡! Y…
Respírate, cuídate, aliméntate, mímate, duérmete, hazte el amor, relájate, enamórate, ríete, escúchate, háblate, baílate, abrázate, bésate, tócate, suspírate, consuélate, acaríciate, compréndete, enternécete, apacíguate, peínate, báñate, bebe agua, descansa, medita, haz ejercicio…
Y después habla con los demás.
Aparentemente imperturbable, como la naturaleza, como el mar en calma, como el campo en primavera, como la música suave, como el cielo estrellado en una noche de verano, como el sol que sale y se esconde aparentemente siempre igual.
Aparentemente imperturbable porque en realidad todo cambia y se mueve y muta y se transforma de un modo sutil o bruscamente, como deba de ser en cada momento para el mayor bien, que diría mi buen amigo, para que el equilibrio se restablezca, para respetar y honrar las leyes universales.
Todo cambia y se transforma y así sigue cambiando y trasformándose in eternum mientras los humanos cortos de vista no ven más allá de sus narices.
Infinita y eternamente el Amor se expande y nos invade para siempre, por siempre.
Para ti, para mí, para todos los hombres de buena voluntad.
Y ya no tienes tiempo de decir los «te quiero» que se quedaron dentro.
Y se pasa la vida y no usaste las sonrisas, ni diste los abrazos que ellos se merecían.
Y se pasa la vida y sientes que te faltan los días y las noches que se gastaron sin causa.
Y se pasa la vida y se hicieron mayores y te parece mentira que tengas tantas canas.
Y te miras la cara y aun te reconoces y miras más adentro y puedes ver tu alma.
Y te ves como siempre, tal vez un poco más cansada, y se nublan los ojos y se cae una lágrima. Por suerte siempre hay una gato dispuesto a rescatarla.
Y la vida se pasa y sientes los errores, y quisieras haber nacido sabia para empezar de nuevo y saberlo casi todo y tener la intuición más despierta, más clara.
Pero es así la vida y al final a todos nos pasa, sales al escenario sin ensayos. La vida es un estreno sin pausa.
«El Padre nunca te ha juzgado, ni en éste ni en ningún otro momento que hayas vivido. Él ha sido tú y la plataforma de vida sobre la cual has expresado tu propio Yo, divino y con un propósito. Él te ha dado la singularidad de tu propio ego y la voluntad libre para convertirte en cualquier cosa que desees, para percibir la fuerza que él es, de cualquier manera que escojas percibirla.»Ramtha»
Mis amados hermanos, a muchos de vosotros se os ha enseñado durante eras que la esencia llamada Dios es un personaje sombrío, atemorizante, enfadado y sentencioso. Pero Dios no es ninguna de estas cosas. El Dios que sermonea, que juzga, que persigue, nunca ha existido excepto en los corazones y las mentes de los hombres. Fue el hombre el que creó a un Dios que juzga a unos y exalta a otros. Ese es un Dios del hombre; fue creado por el hombre y su voluntad.
El Dios que yo conozco y que amo, que es el poder que emana de mí y el reino que yo soy, es un Dios de amor completo y sin enjuiciamientos. No es nada más, sino todo lo demás. Dios te ama con un amor mucho mayor del que alguna vez hayas comprendido; pues él es la vida que tú eres, la tierra que pisas y el aire que respiras. Es el color de tu piel, la magnificencia de tus ojos, la suavidad de tu tacto. Eres tú en cada momento que eres, en cada Pensamiento que piensas, en cada una de tus acciones, incluso en las sombras de tu alma.
Dios es una fuerza que lo consume todo, que es todo. Es el viento sobre el agua, el cambio de las hojas, la simplicidad de una rosa, profunda en su color y matiz. Dios es los amantes en su abrazo, los niños en su risa y el brillo del cabello color miel. Es el sol que sale en la mañana, la estrella parpadeando en la noche y la luna creciendo y menguando en el cielo de medianoche. Dios es el hermoso insecto, el humilde pájaro en su vuelo, el feo y vil gusano. Dios es movimiento y color, sonido y luz. Dios es pasión, es amor, es alegría. Dios es tristeza. Aquello que existe, todo lo que es, es lo que tú llamas Dios, el Padre, la totalidad de la vida y el amante de todo lo que existe. Dios no es un personaje singular que se sienta sobre un trono y juzga a la totalidad de la vida. Dios es la totalidad de la vida, cada momento palpitante. Es la continuidad y eternidad de todo lo que existe.
¿Crees acaso que la vida te ha juzgado? En absoluto. Porque si Dios —-que es lo que tú eres—te juzgara estaría ciertamente juzgándose a sí mismo. ¿Y por qué la inteligencia suprema haría una cosa así?
La fuerza vital que llamas el Padre, ni siquiera tiene la capacidad de juzgarte, ni a ti ni a ninguna otra cosa. Porque la vida no posee una personalidad con un ego que se pueda dividir a sí mismo en facetas de bueno o malo, correcto o incorrecto, perfecto o imperfecto. Si Dios poseyera un ego, también tendría la capacidad de percibir la alteración dentro de sí mismo. Y si Dios pudiera contemplar la alteración dentro de su ser siquiera por un momento, la vida que él es cesaría en el próximo instante y nunca sería otra vez.
Dios en sí mismo, carece totalmente de bondad o maldad, de positivo o negativo. Dios no es perfecto, porque la perfección es una limitación a la vida continua, siempre cambiante y exuberante. Dios simplemente es. Lo único que tu amado Padre sabe hacer es ser, para que todas las cosas —q son él— puedan expresar la vida que él es.
Dios es la esencia ilimitada y suprema del ser, una totalidad indivisa d Ser. Y ese Ser te ama tan inmensamente que te ha permitido crear tus ilusiones de perfección e imperfección, de bondad y maldad, de positivo y negativo. Y a través de tu percepción se ha convertido en lo que tú has percibido. Y así Dios, siendo la totalidad de todo lo que es, es lo incorrecto al mismo tiempo que lo correcto, es la fealdad al mismo tiempo que la belleza, y la vileza al mismo tiempo que la divinidad.
El Padre nunca te ha juzgado, ni en éste ni en ningún otro momento que hayas vivido. Él ha sido tú y la plataforma de vida sobre la cual has expresado tu propio Yo, divino y con un propósito. Él te ha dado la singularidad de tu propio ego y la voluntad libre para convertirte en cualquier cosa que desees, para percibir la fuerza que él es, de cualquier manera que escojas percibirla. Y nada que hayas hecho o que hayas pensado, no importa lo vil, lo malvado o lo maravilloso que haya sido, ha sido visto por Dios como algo diferente a ser.
Este Dios que conozco te ama con un amor más grande y más profundo que el que nunca hayas concebido, porque te ha permitido crear tu vida de cualquier manera que hayas deseado. El Padre siempre te ha amado. Él no conoce otra manera de percibirte, porque él es lo que tú eres.
El Padre no ve el error, sólo se ve a sí mismo. El Padre no ve el fracaso, sólo su Ser siempre continuo y eterno. Tú eres quien crea el florecimiento de la vida, incluso su vileza, y el Padre se convertirá en el florecimiento y en la vileza, y nunca juzgará entre ambos cuál es más grande y cuál menos; él simplemente es. Él es el Ser que te permite expresarte a través de él mismo de cualquier manera que elijas. Y es bueno que sea así, porque si él realmente fuera este Dios que ha creado el hombre, ninguno de vosotros vería jamás lo que llamáis «las puertas del cielo». Ninguno. Porque nadie podría alcanzar las expectativas de este Dios creado por el hombre.
Sólo tú, a través de tus propias actitudes, y al aceptar las actitudes de otros, te has juzgado a ti mismo. Sólo tú te has causado el sentimiento del fracaso. Con la capacidad de crear a través de tu Padre cualquier verdad y realidad que desees, tú eres el único juez de tu propia vida. Sólo tú has determinado lo que es bueno y lo que es malo, lo que es correcto e incorrecto. Pero en la esencia del Ser llamada vida, no existe ninguna de estas cosas. Cada cosa simplemente es una parte del Ser llamado Dios Todopoderoso. Tu juicio es sólo una ilusión que has creado sobre este plano de realidades creativas.
En tu pensamiento limitado has pensado que algunas cosas son incorrectas, que son malvadas. Pero esa ha sido tu selección de la verdad, y el Padre te ha permitido hacerlo. Su verdad se llama Ser. Dios te ama sin importar lo que hagas, ya que cada cosa que haces o piensas realza la vida que él es a través de la sabiduría que tú obtienes de ella. Dios sabe que eres eterno y que nada de lo que hagas puede arrebatarte tu fuerza vital.
Así que cuando dejes este plano y reflexiones sobre todas las cosas que has hecho en tu vida —y lo harás— Dios todavía estará ahí, amándote en todos tus mañanas, porque él es la plataforma sobre la cual creas tus ilusiones, tu imaginación y tus sueños. Ahora, ¿qué es Dios en su forma más exaltada? Pensamiento. El Padre, la plataforma desde la cual creas tu vida, la sustancia y fuerza vital de todas las cosas es, en un entendimiento superior, pensamiento. Porque el pensamiento es el máximo creador de todas las cosas que hay, habidas y por haber. El pensamiento es la sustancia desde la cual se crean todas las cosas. Todo cuanto existe, ha partido primero del pensamiento, que es la suprema inteligencia llamada la mente de Dios.
¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que mantiene a todas las cosas unidas en sus formas y modelos únicos? Es el pensamiento, que es el pegamento cósmico llamado amor. Eso es lo que mantiene unida a toda la materia. Eso es amor en la mayor escala de todas, porque eso es lo que el Padre es. Cada cosa, incluso tu cuerpo, se mantiene unida por el pensamiento, porque cada cosa ha sido ideada a través del pensamiento, el cual es Dios; y es el amor del Padre hacia sí mismo lo que mantiene cada cosa en su sitio.
Estás sustentado por Dios. Lo que permite que todas las estructuras moleculares y celulares de tu cuerpo permanezcan unidas es el amor del gran y magnífico pensamiento que Dios realmente es. Sin el pensamiento, tu cuerpo no existiría, la materia no existiría, nada existiría, porque el pensamiento es el creador y el elemento que sostiene toda la vida.
¿Crees que Dios, el pensamiento que ata y mantiene todas las cosas unidas es una entidad sombría y atemorizante? No lo es. El Padre es felicidad completa, porque él no conoce otra manera de ser. Él es todas las formas de vida vibrando en armonía unas con otras, y eso emite un tono que suena como una gran carcajada. Si escuchas cuidadosamente puedes incluso oír la música del Padre, la risa de Dios. Es la mayor alegría. Yo nunca lo he oído llorar. Entonces, ¿qué es Dios, la causa de tu precioso ser, la maravillosa fuerza vital que fluye y refluye entre todos vosotros, que nos conecta y nos mantiene a todos unidos, la promesa de una vida posterior y de eternidades que vendrán? Es el Ser que es pensamiento. Es el Ser de la vida siempre continua. Es el Ser que ama todo lo que es. Es el Ser que permite que la vida exista a través del amor. Es el Ser que es total y completa felicidad. Esa es tu herencia y tu destino.
Dar las gracias cada día, por el sol, por la bondad, por un nuevo mediodía, por tu risa y nada más.
Dar las gracias por los llantos, por las penas, por la maldad, por escuchar a tantos santos que lo saben todo y más.
Agradecer los errores, pero los aciertos más, compadecer al hermano que se cree en posesión de la verdad.
Dar las gracias, por lo malo, lo peor, lo que no puedes controlar. Y aceptar todo lo bueno que la vida también te da. ¿Qué es lo malo y qué es lo bueno? ¿tú me lo vas a explicar?
Agradecer, sólo eso, agradece y nada más.
Y desparrama tu amor hasta el último lugar, empezando por tí mismo y acabando en los demás.
Yo no sé hacerlo mejor…
¿Y tú? ¿lo sabes hacer ya?