Nens que no poden respirar a Sibèria per tant de fum d’incendis descontrolats
Matances als EEUU
Refugiats abandonats al mar
Animals en perill d’extinció
Paíssos oblidats plens de nens ferits per bombes.
Religions, inquisicions, violacions, destruccions…que fan por, sempre molta por, per que tothom visqui amb por
Polítics absurds que parlem paraules absurdes
Platges plenes de gent que trepitja merda d’altre gent de merda
Gent que foten fora de cases que son del banc, que ja van fer fora als propietaris que no podien pagar hipoteca…
Imbècils que salten 122 metres al vuit per… ¿passar-ho bé?
Més imbècils que seuran devant la tele per veure d’altres nois donant cops a una pilota
Vi, cervesa, coca-cola, anuncis, migdiades, temps per contemplar i reflexionar sobre tantes noticíes que fan que no pensis que:
Som un misteri, un regal, una oportunitat per tancar la tele, el mòbil, els facebooks, els twitters i tots els instagrams i començar a fer-nos L’AMOR ELS UNS ALS ALTRES ETERNAMENT
Estoy en guerra con mi pensamiento porque siempre quiere hacerse el muerto. Es terco y desobediente y también impertinente.
No atiende nunca a razones, no le van las ilusiones, siempre jode la marrana por la noche y la mañana.
Necesito estar atenta a esa mente tan despierta que anda de idea en idea, peleándose con cualquiera que le ponga un poco en guardia y le quite la nostalgia.
Tiene voces recurrentes, impresiones diferentes y te ataca sin aviso cuando menos te lo esperas.
Mi mente es un torbellino de emociones, de inquilinos que viven de sensaciones y de eternas sinrazones.
Es un niño malcriado, mi pensamiento estimado y acaba haciéndose un lío entre suspiro y suspiro…
Con lo fácil que sería vivir sin melancolía. Aceptando cada día su nueva filosofía y respirando el momento, soplo a soplo, tiempo al tiempo.
Yo conocí a vuestra trastatarabuela, la llamábamos la yaya sin dientes. Era una señora muy viejita, como yo la recuerdo, sentadita, pequeñita y, según decía vuestra tatarabuela, que era su hija, tenía malas pulgas, es decir mal carácter.
Ibamos a verla cuando llegaba la Navidad, era como un ritual, o una obligación más bien…
Vuestra trastatarabuela debió de tener una vida complicada, como creo que tuvieron todas las mujeres y muchos hombres en aquella época.
La recuerdo vestida de negro con una mueca de sonrisa que mostraba su boca sin dientes.
Seguro que habría sido una bruja en su juventud, bruja buena por supuesto, pero con el tiempo y los achaques parecía más una bruja pirula de esas que tienen berrugas en la nariz.
Vuestra trastatabuela tuvo varios hijos, entre ellos mi yaya querida, la yaya Concha, con la que pasé muchos veranos cuando yo era pequeña…
Cuando hayáis nacido y pasemos los veranos juntos os seguiré contando historias, como las que les contaba a vuestras madres de chiquitas.
Me las inventaba todas, pero ¿sabéis una cosa? Ahora tengo más imaginación. Vais a flipar🥰
Si apenas nos percatamos de nuestros cambios a lo largo de los años…
Si no somos capaces de darnos cuenta que hemos envejecido y que de pronto nos salieron canas y arrugas.
Si nuestro interior sigue siendo ese niño que busca a su madre ausente…
¿Cómo vamos a darnos cuenta de que nuestros hijos ya no necesitan nuestra teta?
Que se convirtieron en adultos, aparentemente libres para tomar sus propias decisiones y cometer sus propios errores
Que son autónomos y que ya no nos necesitan…
Que debemos dejar de pensar en ellos como si aún fueran nuestros niños, a los que educamos mejor o peor, cómo pudimos, cómo supimos, cómo quisimos…
El mayor desafío es saber estar, lograr ser en cada momento de nuestra corta vida el hombre y la mujer en perfecto equilibrio con su momento vital, con su entorno, consigo mismo.
No somos conscientes de nuestros ciclos vitales y andamos errantes buscando un niño que se hizo viejo sin enterarse.
Su energía de adolescente rebelde no se corresponde con su destrozado esqueleto.
Viejo, pesado, descuidado y desgastado, es una caricatura de la humanidad.
Conservar el cuerpo sano y ágil debería ser una obligación, antes de morir hecho una piltrafa humana que no se aguanta de dolor.
La medicina no sirve para nada si nosotros mismos no somos responsables de nuestra salud.
Algunos se quieren tan poco que esperan que sea el espejo quien les devuelva la imagen que ellos mismos destrozaron a lo largo de años de maltrato.
Cuando el espejo no reconoce al niño que llevamos dentro…nuestro cuerpo, nuestro rostro, nuestra barriga y nuestros achaques nos recuerdan que es nuestra misión llegar a la muerte con dignidad.
Viva la vejez joven y sana y la mente abierta para darnos cuenta de ello.
Si pudiera volver a mi niñez y caminar por la feria del pueblo del domingo en la mañana…
Volver a mirar con otra conciencia la sencillez de la gente, la alegría de los niños con la carita rajada por la tierra y el frío y la mirada llena de ilusión de los viejos que saben que se marchan pronto de la vida plena que llevaron.
Si pudiera volver a alimentarme con otra conciencia, la soberanía del sabor de aquellos panes de pueblo, de la abundancia natural que la Madre Tierra aporta a sus hijos…
Entonces volvería a ver con otros ojos, a sentir con otra conciencia la fuerza natural de la vida.
Si pudiera volver más atrás, me internaría en el bosque, me fundiría con la pachamama, como hacen los pájaros, hablaría con los árboles más viejos para aprender su lenguaje y sus historias, me despojaría de la ropa, me pintaría la piel con la sabia de los helechos del bosque, me vestiría con las plumas tornasoladas que los pájaros de la selva te regalan, bailaría celebrando la vida con mi tambor de anta alrededor del fuego.
Si pudiera volver a mirar el tintineo mágico de las estrellas en la noche, que se confunden con el vuelo de las luciérnagas.
Si pudiera bañarme en todas las caídas de agua, en todos los ríos de agua viva y correr por la pollera de la Pacha mama sintiendo el hálito puro y divino e inalterable que nos da el Wiñay Jaquiri.
Saludar cada día a Tata Inti por el nuevo día y cada día me despediría de él agradeciendo su sagrada compañía.
Todos mis actos serían profundos, espontáneos e inocentes, casi salvajes.
Entonces estaría preparado para volver al origen y fundirme con el Todo.
Pero ya ves…he sido separado del estado natural de conciencia, habito la soledad de las ciudades, interactúo con multitud de personas solitarias que se aportan entre ellas egoísmo y soledad.
Me he expulsado yo mismo del paraíso en el que nací, he perdido la noción de la presección del tiempo divino y no sé dónde está el este y voy empujado por el miedo hacia el norte que me extravía.
Necesito volver al origen, porque si no logro salir de esta locura, sólo me quedará seguir trabajando por dinero para pagar mis pecados capitales, mi falta de fe en la Madre Tierra, mi empeño por no escucharme, mi poco valor por no dejar atrás mi dudosa comodidad.
Si no encuentro pronto la salida, me perderé para siempre.