Verano de fiestas, fiestas de verano. La gente se quiere sacudir el hastío bajo el griterío ensordecedor y la música a todo trapo.
El verano propicia el descontrol y el descaro, aumenta el gentío y el ruido a destajo. No existen las penas, no hay horario, no hay trabajo.
Y un poco más lejos continúan los náufragos.
Conciencia pequeña tenemos, muchachos, cuando hay tantos muertos rondando a nuestro lado. Tsunami de vidas sin valor, ni amparo, que van a la deriva mientras nosotros nos bañamos.
Una vez alguien me dijo que ella era La Luz y yo me lo creí.
La Luz no es exclusiva de nadie.
La Luz brilla dentro de cada uno de nosotros, muchas veces a pesar de nosotros mismos.
La Luz es generosa y se expande y se comparte y se derrama entre la oscuridad y la ilumina.
La Luz ilumina el camino de la pena y se desparrama entre tanta tristeza escondida y espera el momento para hacerse presente y brillar y reirse de tanto miedo en cuerpos de adultos infantiles.
La Luz erez tú y soy yo, cuando estoy en paz y emano amor y me sonrío y me mimo y me disfruto y me enamoro de tanta belleza, de tanta pachamama, de tanta humanidad huérfana que pide siempre más y más atención, más y más amor.
Como ayer, cuando te bañabas en las mismas aguas, con tus nietas chiquitas y tus hijas adolescentes. Igual que ayer, sigue hablando el mar y acariciando el viento. Igual que ayer, las olas vienen y van y las gaviotas sobrevuelan la costa.
Como ayer, la arena que pisabas y donde tomabas el sol, la orilla de la playa y las boyas amarillas…
Todo es como era, la misma agua transparente, idéntico paisaje de pinos y rocas, cielo azul y nubes blancas.
Aún se siente tu olor y se escucha tu risa y a lo lejos el papá se chapuza tapándose la nariz y los oídos creando un baile ridículo que echo de menos.
Ambos seguís aquí, ahora en las profundidades del mar, hablando con las caracolas, observando a vuestras nietas que continúan con el milagro de la vida.
Segundo acuerdo de la sabiduría tolteca, más difícil si cabe que el primero. Ser impecable con tus palabras y no tomarse nada personalmente.
Ejercicio que requiere de tu suprema atención y de un control extremo de tu ego que, a la primera de cambio, se siente atacado y se lo toma todo personalmente.
Cuando aflojas y desaceleras, cuando te relajas y te haces a un lado, cuando te vuelves transparente y no necesitas llamar la atención. Cuando escuchas, miras y ves con compasión y amor a los que te hablan y se hablan y se toman todo personalmente, entonces si consigues ser espectador en vez de protagonista del sainete de la vida…
Entonces y sólo entonces empiezas a estar preparado para no tomarte nada personalmente. Para mirarte de dentro hacia fuera y ver lo bello, lo sabio, lo amoroso, lo sutil, lo delicado, lo divino, lo magnífico que es un ser humano libre de miedo.
Miedo al rechazo
Miedo al desamor
Miedo al abandono
No seamos huérfanos de nosotros mismos. El amor que somos es suficiente para llenar todas nuestras demandas de amor a seres igualmente huérfanos de su amor propio.
Ama a tu prójimo como a tí mismo, nos decía el maestro, es decir: ámate primero a tí mismo para poder amar al prójimo.
…O triple o cuádruple, la vida te abre sus alas y se despliega al instante.
Puedes vivirla deprisa o saborear los detalles…
Puedes pasar de puntillas por todas partes, pero es más lindo escuchar los sonidos de la calle, afinar bien el oido y no perderte ni un ápice de tantas historias y de tantas frases….
Y como en la comedia del arte, escuchar de todo un poco, aprender de los más grandes y bailar con la más fea, y comer sin tener hambre…
Reirte sin que haga gracia, convertirte en una estátua que no opine, ni se canse de poner cara de póquer, de ser transparente al instante.
Camaleónica eres cuando sabes apartarte y confiar en tu instinto de mujer, abuela y madre.
Siento si te he comparado con alguien más que contigo, no te pareces a nadie, no tienes ningún motivo.
Tu historia siempre fue única, tu pensamiento nunca fue el mío, no entiendo por qué te dije que eras igual o distinto.
Nadie se parece tanto para creer que es el mismo que un día quiso ser padre sin preguntarle a su hijo .
Nadie se parece a nadie, no nos creamos tan listos para sabernos los dueños del alma y el cuerpo de un niño, que lucha por ser el único, que intenta ser genuino.
Cada vida es un misterio, cada carita un motivo para creer en la magia de ser un dios pequeñito.
Yo no me parezco a nadie, tú tampoco hijo querido.