Nunca he escrito por encargo, no sabría qué decir.
El tema te lo proponen y tu tienes que fingir que te interesa el asunto aunque no sepas ni plin!
Y ando buscando alimento que me ayude a asimilar, tantas letras, tanto cuento, tanta palabra banal.
Mi escrito sale de dentro, no lo puedo improvisar con cuatro apuntes perfectos, con libros que vienen y van.
No sé escribir por encargo, lo siento, me tendréis que perdonar, mis ripios no son muy buenos pero originales siempre serán.
Salen de mi corazón para qué os voy a engañar con las palabras de otros, que no me sugieran más que otros cuentos, otros rostros, historias de los demás.
Yo no escribo con la mente, escribe mi corazón, cuando piensa, cuando siente y habla palabras de amor. El corazón nunca miente, él siempre tiene razón.
A medida que se acerca la hora de la muerte, esa la palabra adquiere más sentido, se vacía de miedo, se llena de aceptación y confianza en que nada termina cuando todo se acaba.
La nostalgia por los días pasados, esa silueta que se va desdibujando, ese rostro que envejece lenta y progresivamente sin que puedas evitarlo a menos que te sometas al esperpento de la cirugía ¿estética?
La finitud de tu vida toma cuerpo y se hace presente, cuando contemplas a tu alrededor y empiezas a no conocer a nadie conocido.
Los hijos crecen y se convierten en padres de hermosos hijos que también crecen casi más rápido que lo hicieron los tuyos.
Y eres abuela y ojalá que también llegues a ser bisabuela, con la cabeza clara y la espalda recta, los ojos abiertos y el corazón más grande.
Que tu boca sólo hable para dar amor, que tus abrazos sean el hogar que siempre deseaste y que el día de tu muerte te pille riendo, cantando, comiendo, amando hasta morir de amor como cuando fuiste madre.
El intelecto, que pretende llenarse y conocer, engendro del pasado, debe vaciarse hasta llegar a la ignorancia.
El corazón deseoso de ser amado, nunca satisfecho por alimentarse del futuro, debe aceptar lo que la vida puede darle, arrancando de cuajo sus pedidos e ilusiones.
Ese sexo que invade el presente confundiendo a sus apetitos animales con la vida, a sus hijos y sus obras con la inmortalidad, debe aprender, dejando de escapar hacia ninguna parte, a morir en paz.
Dime, ¿Cuál es tu finalidad en la vida? ¿Ser feliz? ¿Ser famoso? ¿Ser rico? ¿Ser amado? ¿Morir viejo?
-Si te soy sincero, todo eso.
-Bien poco es lo que quieres… No te tienes que contentar con esperanzas modestas, debes elevarte al pensamiento donde todos los seres vivientes necesitan ser liberados.
No has trascendido las finalidades personales.
Te vives como individuo y no como humanidad.
Lo primero que debes proponerte es ver aquello que llamamos Dios, frente a frente, sin morir y sin miedo.
Libre de aflicciones, con el inconsciente y el supra consciente convertidos en aliados, ser tu propio curandero y ser también capaz de curar las enfermedades de los otros.
Llegar a tal fortaleza espiritual que no seas sorprendido, anonadado,, ni vencido por los infortunios, los desastres o los enemigos.
Conocer el cosmos entero, su pasado, su presente, su futuro.
Saber, en la dimensión de los sueños, resucitar a los muertos.
Desarrollar la consciencia hasta hacerla atravesar sin disgregarse las innumerables muertes, para vivir tantos años como vive el universo.
Ser capaz de elevar con tu sola presencia el nivel de consciencia de cualquier ser viviente.
Enseñar a los hombres a usar como energía la inteligencia divina encerrada en la materia.
Limpiar el planeta de las inmundicias industriales.
Saber decir palabras que pacifiquen a los animales peligrosos. Hacerte inmune a los venenos.
Conocer a primera vista el fondo del alma y el corazón de hombres y mujeres.
Poder prever los acontecimientos inevitables, dar de inmediato consuelo eficaz y consejos útiles.
Lograr que los fracasos sólo sean cambios de camino.
Convertir los problemas en dificultades y vencerlas.
Domar el amor y el odio.
Hacerte rico sin dañar a los otros y ser amo de esa fortuna y no su esclavo.
Saber gozar de la pobreza sin abyección ni miseria.
Gobernar los cuatro elementos, el aire, el fuego, el agua y la tierra, calmando las tempestades, haciendo surgir el sol por entre las nubes densas o provocando la lluvia en épocas de sequía.
Poder comunicarte con el pensamiento, sanar a distancia, estar en varios sitios a la vez… y tantas otras cosas que ahora te parecerán fantásticas pero que, si te esmeras, poco a poco lograrás obtener.