Después de ser impecable con las palabras y no tomarme nada personalmente, ahora me pide que no haga suposiciones…
Entonces…¿cómo voy a ir por la vida?
Seré ecuánime, equilibrado, sensato y respetuoso. No tendré pensamientos negativos, ni criticaré a nadie. Todo me parecerá bien y sabré decir la palabra adecuada en el momento preciso.
Callaré a tiempo y hablaré lo necesario. Sabré escuchar y contestaré sin emoción, ni apasionadamente.
¿En qué maravilla de persona me estaré convirtiendo? ¡Seguiré aprendiendo con los cuatro acuerdos!
Verano de fiestas, fiestas de verano. La gente se quiere sacudir el hastío bajo el griterío ensordecedor y la música a todo trapo.
El verano propicia el descontrol y el descaro, aumenta el gentío y el ruido a destajo. No existen las penas, no hay horario, no hay trabajo.
Y un poco más lejos continúan los náufragos.
Conciencia pequeña tenemos, muchachos, cuando hay tantos muertos rondando a nuestro lado. Tsunami de vidas sin valor, ni amparo, que van a la deriva mientras nosotros nos bañamos.
Una vez alguien me dijo que ella era La Luz y yo me lo creí.
La Luz no es exclusiva de nadie.
La Luz brilla dentro de cada uno de nosotros, muchas veces a pesar de nosotros mismos.
La Luz es generosa y se expande y se comparte y se derrama entre la oscuridad y la ilumina.
La Luz ilumina el camino de la pena y se desparrama entre tanta tristeza escondida y espera el momento para hacerse presente y brillar y reirse de tanto miedo en cuerpos de adultos infantiles.
La Luz erez tú y soy yo, cuando estoy en paz y emano amor y me sonrío y me mimo y me disfruto y me enamoro de tanta belleza, de tanta pachamama, de tanta humanidad huérfana que pide siempre más y más atención, más y más amor.
Como ayer, cuando te bañabas en las mismas aguas, con tus nietas chiquitas y tus hijas adolescentes. Igual que ayer, sigue hablando el mar y acariciando el viento. Igual que ayer, las olas vienen y van y las gaviotas sobrevuelan la costa.
Como ayer, la arena que pisabas y donde tomabas el sol, la orilla de la playa y las boyas amarillas…
Todo es como era, la misma agua transparente, idéntico paisaje de pinos y rocas, cielo azul y nubes blancas.
Aún se siente tu olor y se escucha tu risa y a lo lejos el papá se chapuza tapándose la nariz y los oídos creando un baile ridículo que echo de menos.
Ambos seguís aquí, ahora en las profundidades del mar, hablando con las caracolas, observando a vuestras nietas que continúan con el milagro de la vida.
Segundo acuerdo de la sabiduría tolteca, más difícil si cabe que el primero. Ser impecable con tus palabras y no tomarse nada personalmente.
Ejercicio que requiere de tu suprema atención y de un control extremo de tu ego que, a la primera de cambio, se siente atacado y se lo toma todo personalmente.
Cuando aflojas y desaceleras, cuando te relajas y te haces a un lado, cuando te vuelves transparente y no necesitas llamar la atención. Cuando escuchas, miras y ves con compasión y amor a los que te hablan y se hablan y se toman todo personalmente, entonces si consigues ser espectador en vez de protagonista del sainete de la vida…
Entonces y sólo entonces empiezas a estar preparado para no tomarte nada personalmente. Para mirarte de dentro hacia fuera y ver lo bello, lo sabio, lo amoroso, lo sutil, lo delicado, lo divino, lo magnífico que es un ser humano libre de miedo.
Miedo al rechazo
Miedo al desamor
Miedo al abandono
No seamos huérfanos de nosotros mismos. El amor que somos es suficiente para llenar todas nuestras demandas de amor a seres igualmente huérfanos de su amor propio.
Ama a tu prójimo como a tí mismo, nos decía el maestro, es decir: ámate primero a tí mismo para poder amar al prójimo.