¿Que veinte años no es nada? ¡Es toda una vida!
Y siete más ya son una eternidad…
Veintisiete años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos, de ilusiones, de sufrimientos, de alegrías, de empujones y de coscorrones, de bailes y funerales. De broncas y amores, muchos más amores.
Veintisiete primaveras llenas de flores, de veranos mojados y de inviernos oscuros, de otoños de esperanza. De vida vivida y sostenida. De intenciones, de actos y devociones. Muchas devociones.
Veintisiete años, con meses intensos, con días eternos con todas sus noches.
Veintisiete maneras de decir te quiero, sin decirlo, haciéndolo posible a cada momento. Veintisiete caricias, veintisiete enfados, veintisiete canas, veintisiete kilos, veintisiete millones de besos.
Y ahí estamos, inventando canciones y versos, prometiéndonos la luna aunque a veces no veamos su reflejo. Jugando a ser mayores, sabiéndonos pequeños. Creyéndonos los dueños del universo.










