Hoy escribo para Lourdes, para Nora y para Miguel, escribo para Mercedes, para Christian y Manuel, escribo para Esperanza, para María y José…de mi corazón al tuyo, de mi garganta a tu piel.
Hoy que va a hacer casi un año que os empecé a conocer, gracias a Javier y a Elsa, hoy Pankara está en la red.
Ha sido un año de tránsito, un año de transición, el año que nos acerca un poco más al corazón.
Desde la Voz de Pankara, que también hoy es tu voz, quiero darte muchas gracias por escucharme y sentir, por compartir desde el alma lo que mi ser os quiere decir.
La Voz de Pankara es mi terapia, por eso os doy las gracias, gracias a tantos seres bellos.
Sigamos mirando juntos en la misma dirección, que el corazón lata al unísono, esa es hoy nuestra misión.
Hijos de la madre Tierra y descendientes del Sol, hoy nos hemos reencontrado.
Quizás no sea tan importante seguirle el juego a la oscuridad y pasar de todo.
Quizás sea hoy más importante ser toda luz. Llevar una tea encendida por donde sea que caminemos, aunque nos digan copiones y seamos objeto de sonrisas.
Quizás al cerrar el año, nos venga un vendaval de tristeza y en el recuento, no haya a quien reclamar por los meses que nos sustrajeron al encierro y no tengamos por donde cuadrar el recuento de la vida.
Quizás la Pachamamita y el creador estén aún sanando el dolor de sus hijos que marcharon sin un adiós.
Tal vez nos toque vivir en la incertidumbre de la vida.
Pero hay algo que compartir aun entre los hombres, hay algo por que vivir y seguir habitando está sagrada tierra.
Debemos buscar, desarrollar y compartir con el resto de la creación aquel poder que nos fue dado al nacer y con el que crecimos oculto dentro de nuestro corazón, detrás de las cortinas superfluas del pecado, la guerra, el hambre, la envidia, la ambición humana, el miedo, la esclavitud y la ignorancia, las dependencias ideológicas y emocionales.
Quizás hoy sea más importante que una tarjeta navideña, un mensaje de amor universal y de esperanza labrada en el deseo sincero.
Pensemos juntos en que habrá un nuevo amanecer, que pronto las cosas materiales tendrán un otro lugar diferente y a nadie les quitará el sueño.
Pensemos en que habrá un reencuentro de la humanidad con nuestros ancestros mayores que vendrán para guiarnos, que nuestros fracasos por ser mejores nos empujaron al desfiladero.
Pensemos que quizás los creadores de caos, cayeron en la trampa de sus ambiciones mortales y efímeras.
Pensemos que al final de todo, vencimos sobre la naturaleza y su costó no lo pagará la ciencia, porque no existe dinero suficiente, ni oro conque pagar el precio de la locura humana que acabó con el paisaje y el aire fresco.
Pensemos en este nuevo año, que termina el 21 de Diciembre, que sabremos caminar el sendero de la vida, un poco más libres, un poco más abiertos a las posibilidades, un poco más lentos, un poco más enraizados a la tierra, un poco más enamorados de nosotros mismos, un poco más abiertos a ser mojados por la lluvia.
Finalmente más en armonía con el universo, aprendiendo a valorar cada amanecer y cada noche, por más lóbrega y cerrada que sea.
La rueda del tiempo circular avanza inexorablemente marcando el ritmo sagrado de la vida en la tierra.
Cada vuelta es una suma del tiempo para el gran espíritu y una resta para sus hijos.
De pie y de frente al último sol, con tu brazos extendidos en cruz, de espaldas al pasado y de frente esperando la luz del futuro al enraizarte al presente, te convoco a encender un fuego pequeño y comunitario como símbolo de la vida para proclamar el advenimiento del nuevo año.
Es posible que la vida nunca más sea la misma. Es posible que las normas no te dejen hablar ni respirar, pero nos quedan las miradas limpias y las alas invisibles para hacer volar el alma, los brazos libres que son las ramas del árbol del corazón.
Abandona las corazas, coge tu pluma y tu tambor, márcate un círculo en la tierra y cantando a la Pachamama y a la madre luna, cierra para siempre la puerta invisible del pasado.
Mira de frente al este del universo y una multitud de estrellas brillarán despertando tu recuerdo de que tu alma comparte su misma eternidad.
Salta, baila, gira y canta y permite que la brisa del mar y de la montaña te sanen para siempre.
Cuando estás conectado se te eriza la piel, el pecho se te ensancha y te sientes muy bien.
No importa si te siguen, si comprenden porqué, tu experiencia es privada, nadie la tiene que ver.
Si acaso la compartes, si la quieres contagiar a tu gente importante a quiénes quieres más, tal vez no te comprendan, se van hasta a reír. ¡Qué importa! Es tu experiencia. Al final ¡qué más da!
Vivirá cada uno lo que haya de vivir, para eso vino al mundo y algún día sabrá que todo el mundo vino al mundo para amar.
Y ahora que estamos despiertos, no volveremos a fallar, porque la tierra de nuestros ancestros hoy nos vuelve a llamar, para que llenes de AMOR lo que encuentres al pasar.