¿Te gusta ver tu mundo como está? ¿Qué ves cuando miras alrededor? ¿Cómo te imaginas que nos ven desde otra galaxia?
Cuando el ser humano se despierte, ya no verá separación. Ya no juzgará a otro, y lo que vea en otros solo le despertará más amor, más ternura, más de uno mismo. Lo que no miras, no existe.
Un ser humano con conciencia es incapaz de hacer daño, nunca juzgará, siempre respetará, se entregará en servicio y amor a la humanidad sin egoísmo y sin la necesidad de reconocimiento.
«Por sus actos los reconocerás».
Cada uno es libre de elegir su camino. Si uno se aleja, déjale ir, pero cuando quiera volver, mantén los brazos abiertos para recibirle. Cada uno tiene sus momentos. Si te pide ayuda, ayúdale. Si no te la pide, dale su tiempo y espacio, pero que sepa que estás ahí cerca.
A veces, lo que uno necesita es retirarse de un entorno para darse cuenta de lo que realmente necesita. Una crisis requiere un cambio interno y externo.
Cuando el ego está muy dominante, esa persona no puede escuchar, no puede ver la realidad, patalea para tener la razón. No pierdas energía intentando convencerle de que está equivocada. Ella no puede verlo ni reconocerlo. Mantén la postura de la neutralidad. No interfieras. Manos abiertas, corazón abierto, silencio, observación. No entres en dramas y batallas de egos. Busca siempre tu paz. Aléjate y reflexiona. No esperes que te comprenda. Prepárate para recibir sus balas. Según su criterio, tú serás el culpable de sus desgracias. Dale la razón. El tiempo colocará todo y también a cada uno. Es una gran lección y una oportunidad para ir creciendo en la auto-maestría.
Cuando sales de tu zona de confort, creces. Sé una persona auténtica. Sé tú. Sin miedo. No te guardes nada. No presupongas nada. Sé impecable con tus palabras, como dice Miguel Ruiz en «Los 4 acuerdos».
Todo tiene vibración. Lo que sale, siempre viene de vuelta.
A veces uno necesita una situación caótica para moverse.
Respira…
Desconecta de todo.
Respira respira….
Pregúntate qué te está pasando.
Yendo a tu interior, tú Ser te indicará el camino.
Un perro ladra a lo lejos y tu gato te regala un bostezo
El cielo quiere llover y la tierra no lo deja ejercer, todavía hace calor en la casa del corazón.
Un poupurri de palabras se amontonan en mi mente y yo no puedo explicarte la inmensidad que se siente, sentada enfrente del sol, escuchando latir mi corazón
El silencioso sonido del trino del pajarillo o el calor de aquella nube, o el color de aquella flor. Todo en mi casa se alinea para que me sienta mejor
A ver si ya de una vez aprendo a estar y también a SER
Creo que los hombre sensibles y amables, en los hombres místicos que creen en sí mismos.
Creo en los hombres que buscan la templanza y la paz en su interior.
Creo en los hombre poetas, soñadores, magos, escritores, alquimistas, artistas, maestros y ángeles.
Creo en los hombres a los que les gusta bailar y cantar y hacer de la vida una celebración.
Creo en los hombres que abrazan a su niño interior herido, escuchan y abrazan la verdad.
Creo en los hombres que quieren sanar y ayudar a otros a sanarse a sí mismos.
Creo en los hombres que se niegan a ser esclavos de su propia herida y que a pesar del dolor la limpian y sanan pacientemente con amor y valor.
Creo en los hombres que vienen de las estrellas y recuerdan el poder de sus alas, el poder de sus manos y el poder de sus corazones.
Creo en los hombres que conocen la intuición y la usan como su brújula.
Creo en los hombres que comparten la libertad porque son libres y no conocen otra forma de vida.
Creo en los hombres protectores de la energía femenina que saben leer los ojos de su amada y que no pretenden cambiarla, simplemente para acompañarla sabiamente en su huida.
Creo en hombres completos que no necesitan nada del exterior porque ya saben que todo está dentro.
Creo en los hombres que hacen fuego cuando tiene frío, que se refugian en el agua cuando tienen sed.
Creo en los hombres con ojos sinceros que se ven a sí mismos y por eso aman y respetan a todas las criaturas que existen en la tierra.
Creo en los hombres perfectamente imperfectos porque es en esta imperfección donde también encuentran su belleza.
Creo en hombres sensibles que saben recibir y dar amor en equilibrio, que escuchan y también hablan que viven y los dejan vivir.
Creo en los hombres que viven la sexualidad como algo sagrado, porque saben que es un regalo maravilloso en donde pueden crear la alquimia más pura e inimaginable para ambos.
Creo que los hombres con sentimientos claros, que son accesibles y que están presentes dentro de sí y para los demás.
Creo en los hombres que caminan descalzos y hablan con las plantas.
Creo en los hombres tiernos y salvajes al mismo tiempo,
Creo en el hombre santo y en toda la divinidad que posee.
Creo en los hombres magos que todo a su paso embellecen, que su vida es un arte y que deleitan con sus dones.
Creo en el sagrado masculino y en toda la divinidad que siempre llevaron.
Si miramos hacia atrás miramos el futuro distante pisándonos los talones, siempre equidistante, sin atropellarnos.
Si miramos adelante, miramos la película del pasado sirviéndonos de alfombra para superarla.
Si supiéramos superar el pasado con el corazón de un guerrero de luz y amor, para conectarlo al futuro que viene pisándonos los talones acartonados del camino, podríamos caminar en círculo, saltando sobre nuestros propios miedos, girando cuando quisiésemos sobre el propio eje de nuestras intenciones libres y puras que aparecen mientras fluimos.
Si pudiéramos tejer nuestro camino de esparto, mimbre y tierra roja, todo sería más humano.
Si aprendiéramos a desatar las hebras enredadas del tiempo, tejidas a través del tiempo y del miedo, seríamos más libres y más estables.
Si vemos a nuestro alrededor, vemos montañas y Apus sempiternos, que no se inmutan jamás frente al drama humano. Gigantes que han visto enrollar la historia humana alterada de falsos principios y claves perversas que hablan de cálculos que suman y multiplican siempre el mal y suman desasosiego y egoísmos.
Si no tuviéramos cabezas y aún las alas fueran nuestras, el corazón nos serviría de motor para pensar la vida y sentir nuestra esencia angelical.
Si vemos con los ojos del corazón y con el espejo del alma, alzando las alas que nunca perdimos y recolocamos nuestro pensamiento en medio del altar del plexo, se nos abriría la perspectiva del amor infinito, el mundo de las soluciones matemáticas con las que fue creado el infinito.
Si pudiéramos restar y no seguir insistiendo en sumar, si pudiéramos multiplicar los abrazos, el perdón y la empatía, restar el dolor innecesario y elevar a la tercera potencia el poder divino que cada niño trae al planeta, se borrarían las lágrimas, el horror de la guerra, la perdida de la fe, no necesitaríamos abrir agujeros momentáneos, para escapar momentáneamente de la pantalla de la vida. Nos mantendríamos en el mismo canal de vibración sin necesidad de huir a otro.
Multipliquemos lo aprendido hasta hoy y bajemos las oraciones a la tierra, para que la Pachamama nos escuche, porque el padre vive en nosotros y no hay necesidad de buscarlo en el infinito del cielo, así que no hay necesidad de viajar a ninguna parte para sentirlo junto a nosotros.
Multiplicad el equilibrio y la certeza en esta tierra dual, que guarda las claves de la vida y fortaleced la fe para el resto del camino.