Lo hicisteis todos muy bien y no pudimos decíroslo
Vuestro tiempo y nuestro tiempo no era el mismo
Pero sabed que lo hicisteis muy bien, tan bien como pudisteis, tan bien como supisteis, tan bien como os dejaron
Lo hicisteis bien y somos vuestros hijos que seguimos haciéndolo bien, a pesar de las culpas mal resueltas, de las reponsabilidades demasiado grandes, de la ignoracia incosciente
También lo hemos hecho bien. Siempre que escuchamos a nuestro corazón y nos reconciliamos con la vida y su enseñanza.
Lo hacéis bien hijos amados. Vosotros también lo estáis haciendo bien.
A veces una abuela se me engancha. Yo al principio no me doy cuenta. Lo hace sutilmente. Sin hacer ruido. Aprovecha cuando estoy relajada y confiada. Cuando dejo el control.
Entonces ella, cual lapa de la costa Brava, viene y se me engancha.
¿Qué cómo me doy cuenta? Pues porque empiezo a debilitarme o me duele la espalda o me canso mucho, como si la llevara a cuestas. Y es que es así literalmente, la llevo a cuestas y su energía de abuela cansada se mezcla con la mía, la absorbe, se la come y me deja vieja y cansada a mí.
¿Qué por qué me pasa? Pues no lo sé, quizá sea porque conmigo se vive muy bien. Soy una mujer honesta, verdadera, fiel y sincera, leal, espontánea, divertida y responsable, amable y respetuosa. Soy guapa y estoy sana. Soy inteligente y también muy lista y espabilada. Tengo un gran corazón y no soy rencorosa. Soy un poco vanidosa y me gusta sentirme querida y aceptada, pero eso también le pasa a la abuela lapa. Por eso le gusta engancharse a mí y compartir mis cualidades.
Yo dejo que esté conmigo unos días…¡como no tengo abuela!…, hasta que la despido respetuosa y amablemente.
Eso te dicen quienes no han tenido nunca animales de compañía.
Animales que te hacen compañía, que absurda manera de definir el amor incondicional que tienen los animales te hagan o no compañía.
Hacen mucho más que eso, te muestran el presente continuamente, te recuerdan que sólo importa el aquí y ahora y juegan, saltan, comen, duermen, como si no hubiera mañana. Es decir te enseñan lo que es ser feliz sencilla y llanamente.
Hemos tenido varios gatos que nos han acompañado estos últimos veinte años.
A los dos primeros no llegué a conocerlos bien, Punky & Brady eran demasiado para nosotros…
no estábamos preparados para tanta sutileza gatuna.
Puli
Luego llegó Puli y nos cambió la vida. Ese gato intuitivo y precioso era demasiado inteligente y sutil para convivir en nuestro convulso universo familiar. Hizo lo que pudo en los escasos cinco años que vivió. Su ser etéreo absorbió tanta densidad que tuvo que sacrificarse por la causa y después de vivir a tope y regalarnos las rarezas más divinas, se marchó a otro lugar más plácido para él. Nunca he visto llorar tanto a mi marido, como el día que Puli se durmió.
Mixi
Y con Puli, llegó la delicadeza hecha gatito. A Mixifú lo tiraron de un camión y lo rescatamos del infierno. Estaba lleno de parásitos y su vida era un susto continuo. El pobre era tan miedoso que nunca se relajaba. Era un gatito delicado y chiquitín con unos ojos tristes que te enamoraban. Sólo cuando dormía se dejaba acariciar y confiaba en ti. Era el mejor amigo de Puli y fueron muy compañeros. Seguro que se contagió de la inmunodeficiencia de su amigo, pero nunca se quejó. Mixi estará para siempre en nuestros corazones. Una noche se rindió y su enfermedad se apoderó de él. Todavía me duele cuando recuerdo cómo lo tuvimos que dormir…
Ya teníamos a Margarita y a Julieta y a Topito. Sí, señores, durante unos años tuvimos cuatro gatitos amorosos viviendo en casa. En su casa, más de ellos que nuestra. Margarita la cazadora de serpientes, ratones, palomas y lagartijas. Julieta, peluda y charlatana demandante de caricias constantes. Y Topito el que llegó una tarde de verano a nuestra puerta, le abrimos y se quedó.
Topito
Topito Barrilete, merece un capítulo a parte y hoy no puedo escribirlo porque se está muriendo.
—Hoy Topito se ha ido a las estrellas y nos ha dejado un vacío tan grande como lo fue él. Un gordito simpático y glotón que nos ha llenado de amor. No te imaginas cuánto te vamos a echar de menos amigo. Buen viaje♥
Llegaste Topito sin pedir permiso, te abrimos la puerta y ya fuiste uno más.
Eras el gordito de la familia y reaccionabas dando zarpazos cuando te agobiaban nuestras caricias.
Poco a poco te hiciste el dueño de nuestros corazones y tu enfermedad hizo que aún te mimáramos más.
Has logrado sobrevivir contra todos los pronósticos y te volviste esbelto y cariñoso y sobre todo glotón.
Eres el primero en la mesa a la hora de comer y no le haces ascos a nada. Tienes predilección por las gambas, cuando no hay pescadito frito. Tu paladar es fino y delicado, como tu porte esbelto.
Tu enfermedad dicen que es seria, pero tú y yo sabemos que aún tienes mucha vida por delante y que el susto que hoy nos has dado, todavía va a unirnos más.