La vida y la muerte son la misma cosa. Si le temes a una le temes a la otra.
Si amas la vida no temerás la muerte, porque la muerte es la transformación de la vida.
Hemos muerto mil veces y otras mil hemos nacido y no tenemos memoria, no sería justo ni sencillo.
Fuimos amantes, amigos, fuimos víctimas, verdugos, fuimos buenos, santos, justos, pero también asesinos.
Hemos jugado las cartas que nos propuso el destino, pero el destino no existe, tú elegiste tu camino.
Tú escogiste los papeles de tu vida, buen amigo. Tenías ganas de experiencias y aquí llegaste conmigo.
Somos jueces, somos parte, somos sabios, necios, listos. Somos eternas esencias, aprendices y maestros de una experiencia perfecta.
Ya no le temo a la vida, la vivo con esperanza, con fe, con total certeza, con ilusión, con pasión. Con amor y fortaleza. Nuestra vida es un regalo, un momento delicado, para no perder el tiempo, para ser bueno y honesto. Para abrir el corazón y expandir por todo el mundo el amor, solo el amor.
Compasión y comprensión para un mundo en decadencia, que ya no tiene clemencia con la inconsciencia emergente.
Compasión y comprensión para los seres humanos que se han creído la historia tal y como se la han contado.
Compasión y comprensión sin juicio, sin culpa y miedo, con amor, con desapego, tenemos libre albedrío y cada cual su camino.
Compasión para el incauto que tuvo que inocularse para viajar, trabajar, o salvar a su compadre.
Comprensión al inocente que no supo rebelarse, que tuvo que conformarse con seguirles la corriente.
La suerte está echada amigos, somos pocos los conscientes, ni mejores, ni peores. Elegimos nuestra suerte.
Y hoy, después de estos dos años de distopía imponente, puedes tomarme la mano, puedes salirte del fango, puedes ser un ser humano, puedes retomar la vida que quisieron imponerte.
Eres libre y eres fuerte. Tienes poderes innatos. Pero, desgraciadamente, yo no puedo convencerte.
La mayor manipulación que ejerce el poder sobre nosotros pasa casi siempre desapercibida. Ocurre, cual gota malaya, despacito, sin que nos demos cuenta. Desde que te levantas y pones la radio, luego vas a la escuela o al trabajo, lees el diario mientras comes o miras la televisión por la noche.
El pensamiento único, la verdad que te inoculan siempre uniforme, la opinión de los sabios, expertos todos… Todo ello conforma un pensamiento unificado, donde la discrepancia se considera negacionismo y donde el pensamiento crítico está condenado al ostracismo y la separación de la masa.
Hay que creer la versión oficial.
¿Quién podría imaginar que todo, absolutamente todo lo que te cuentan es mentira?
Los que empezamos a dudar de todo, caemos en una especie de tristeza existencial, de duda personal, de soledad universal.
Sólo yendo hacia dentro de ti mismo puedes encontrar alivio. En el silencio. En la naturaleza. En el amor incondicional. En Dios. ¡Un dios tan distinto al que nos enseñaron!
Soñar un mundo mejor, sin dolor, sin mentiras, sin guerras, sin odio, es posible sólo si dejas de comulgar con el dogma que te inoculan diariamente.
Hoy la guerra es universal y el frente de batalla se libra en cada casa. En el miedo a todo: a enfermar, a no tener dinero, a no aprobar una asignatura, a no poder pagar el alquiler. Sufrimiento, inseguridad, incapacidad, frustración. Esa es la comida que tragamos cada día…
Hasta que decides salir de tu zona de disconfort y empezar a creer en ti y en tu inmenso poder.
Nunca te enseñaron eso en la escuela. Jamás te lo dijeron en casa. Eres poderoso. No necesitas seguir sufriendo desde que naces para llegar a ser otro esclavo hasta tu muerte.
Has venido a disfrutar de este paraíso.
Cambia tu vida.
Una vida de escasez, de sufrimiento, de stress, de necesidades innecesarias.
Abre los ojos y busca tu libertad. Está más cerca de lo que crees.