Pankara, Pankarita, mírate la carita
Te has quedado calladita, sin fuerzas para seguir…
Pero la vida comienza
Cada día es otro día
No te rindas Pankarita que aún hay mucho por vivir
Pankara, Pankarita, mírate la carita
Te has quedado calladita, sin fuerzas para seguir…
Pero la vida comienza
Cada día es otro día
No te rindas Pankarita que aún hay mucho por vivir
El tiempo lineal te deja k.o.
Te abofetea el cogote y te das de bruces contra el suelo.
¿Eso era todo?
¿Tanto trabajo, tantos nervios, tantas emociones? ¿Tanto dolor de cabeza?
Como una olla a presión a punto de estallar…
Como un volcán en erupción. Como un río desbordado, como un terremoto antes de la sacudida.
Calma densa. Espera…¿Esto era todo?
¿Para qué? No hay respuesta todavía
Confía y lo descubrirás
El tiempo circular saldrá a tu encuentro y te dará la solución a tanta incertidumbre.
Jallalla 🌀
¡Vive!
Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
mas también yo decepcioné a alguien.
Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.
Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…
Tuve miedo de perder a alguien especial
y terminé perdiéndolo
¡pero sobreviví!
¡y todavía vivo!
No paso por la vida
y tú tampoco deberías sólo pasar… ¡Vive!
Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión.
Perder con clase y vencer con osadía,
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante.”

LOCUCIÓN – PANKARA
Vivimos durmiendo sin pena ni gloria
dormimos despiertos sin darnos ni cuenta
contamos los años, los sueños, los muertos
sin pena ni gloria hacemos piruetas
trabajos forzados, forzosos, fraudulentos
relojes de arena, timbres y poetas
atriles, paraguas, micrófonos, huertas
todo el mismo enjambre, en la misma cuneta
Sin pena ni gloria, sin más, sin paciencia
Somos astronautas del mismo planeta


Quemas Lorenzo y me calientas el corazón
Brillas Lorenzo y me alumbras el alma
Calientas Lorenzo y me abrigas las manos y los pies.
Sol de diciembre, escaso, añorado, deseado sol que anticipas días de lluvia y quemas más de la cuenta.
Aquí estoy agradecida por tanta luz y calor, eres una despedida de mi otoño y un regalo anticipado del invierno.
Eres un sol🌞

El lenguaje moderno me pilla mayor, las eses suenan mucho, los adjetivos son superlativos. Las frases suenan rimbombantes, las emociones sobresalen de los cuerpos…
«La medusa te la curas con el pipí, pero todo es always, bip, ¿osea no?, activaciones on line, black friday for ever, momento móvil, especificaciones específicas, inquietudes absurdas…»
Me viene grande este lenguaje vacuo. Me sobran palabras, me falta contenido.
Soy de otra época.
Mi vecina vive sola y ella sola se alimenta.
Se ríe de todo y de nada y con humor se sustenta.
Un dia vivió el amor de hijos y de pareja, pero su amor se extinguió y hoy su amor le hace la gresca.
Pero mi vecina es sabia, es mujer y un poco vieja, y conoce el sinsabor de lamer sola la ausencia.
Y por eso mi vecina cada día resucita, sale a la calle discreta y se ríe de ella sola, se ama a sí misma y se respeta.
Un ejemplo mi vecina, un regalo de sapiencia.
Por suerte la tengo cerca, vivimos puerta por puerta.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego”
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Se llama calma y me costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda.
Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…
