BENDITO SILENCIO

Maria Elena necesitaba silencio, ese silencio amable que te aleja del ruido mental. El silencio de una madre cuando da de mamar.

Un silencio penetrante y reconfortante, roto solo por algún pajarito errante camino de otro lugar.

Un silencio espiritual, que te recuerda que Dios no hizo ruido cuando creó este paraíso dual.

El silencio matinal donde se oyen las gallinas, el silencio de algún búho y de alguna golondrina.

Maria Elena adoraba el silencio, aunque de lejos escuchara ladrar a los perros y croar a las ranas y algún sapo cancionero le cantara una samba.

El silencio repara el espíritu y alivia el cansancio. El silencio invade la mente y la desactiva.

Bendito silencio que nos recuerda el origen cósmico y eterno. Magnífico silencio. Eterno silencio lleno de vida.

María Elena adoraba el silencio.

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