Dicen que hay que ser ejemplo mejor que sermonear…
Ejemplo para mi misma, ejemplo sin vanidad, ejemplo desde el abismo de la soledad.
Me esfuerzo por ser ejemplo y no me habría de esforzar: honesta conmigo misma, me tendría que bastar.
Ser ejemplo de armonía, ejemplo de integridad. Ser ejemplo de templanza, un ejemplo de verdad. Ser ejemplo con la vida que vives y nada más. Cerrar más veces la boca. Ser ejemplo y confiar. Trabajar con uno mismo, cagarla y rectificar.
Desde la paz de los años, desde la cruel realidad de las arrugas y achaques que me vienen a incordiar…
Desde la absurda creencia de infinita libertad, me siento en paz con la vida y quiero un poquito más.
Para seguir siendo ejemplo de gratitud y bondad. Morir de agradecimiento, vivir de felicidad.
La vida entre paréntesis es un todo finito. Empieza un día antes de haberte concebido. O tal vez ha empezado en ese espacio vacío donde aún eras la Fuente sin haberlo sentido.
La vida entre paréntesis acaba en el instante de tu último suspiro. Y tal vez lo sabías antes de haber nacido. Tal vez lo decidiste desde aquel infinito al que un día regreses igual que habías venido.
Mientras tanto la vida se vive o se malgasta, se disfruta o se sufre, se agradece o se atasca.
Cuidar del instrumento, afinar la carcasa. Hacer mantenimiento, abrillantar la casa.
Y preparar el camino para abandonarla.
No sabes cuándo y dónde, y no sabes porqué. La vida es un regalo. Destápalo y alégrate. Estar aquí es un rato. Disfruta del pastel.
Yo sí que llegué a la luna aquella noche de julio. Subida en el sofá de skay volé hasta el otro mundo.
Era muy de madrugada para una niña pequeña que creía que a la luna se llegaba sin problema.
Pero la luna no existe, o tal vez sólo la veas, pintada en el cielo negro, reflejada en una estrella.
La luna la llevas dentro, en emociones muy viejas que se revelan de pronto y vuelves a ser pequeña.
En esos viejos olores, en músicas, en colores. La luna es mi corazón cuando recuerdo canciones.
Yo sí que llegué a la luna. Menguante, creciente, llena, nueva, vieja, sonriente. La luna de mis abuelas, que le cantaban canciones a la luz de las candelas
Desde lejos estoy cerca, pero no puedo hacer nada.
Desde lejos te acompaño, te animo, te pongo alas.
Desde fuera estoy adentro y te siento en mis entrañas.
Desde fuera, veo tus aciertos y te alabo las hazañas.
Desde abajo, me lamento, los pies ya no me acompañan. Yo ya caminé mis pasos, como me guiaron las hadas.
Desde arriba te protegen, te liberan del mañana. Tu tienes las herramientas para salir de esta farsa.
Desde fuera, desde lejos confío y suelto la carga. Sé que todo ya está hecho. Que ya no tenemos karma.
Que tu vida, pequeñín, es para siempre sagrada. Que sabrás salir de todo. Que tu gigante te ampara. Que los ángeles protegen tu mente, tu cuerpo y tu alma