Quién no se arriesga no gana, leí en uno de esos libros de autoayuda que hablan bonito y ayudan poquito.
Quién no se arriesga no vive, no se atreve, no se equivoca. Ganar o perder ya es otra historia.
Nunca fui competitiva, prefiero experimentar. Y no siempre ganas el beneplácito y la aprobación. No siempre ganas el respeto y el aplauso, no siempre ganas la fama y el dinero.
Yo me arriesgo a buscarme y encontrarme. A errar y rectificar, a cagarla y perdonarme.
Me arriesgo a encontrar la verdad entre tanta vanidad, entre tanta mentira disfrazada.
Me arriesgo a salir del camino establecido, de lo correcto y admitido, de lo legal y pervertido.
Me arriesgo a buscar la libertad, y a comerme el pan sin el sudor de la frente, sin el sufrimiento adquirido, sin la obediencia conveniente.
Me arriesgo porque estoy viva, porque sé que lo merezco. Porque me siento poderosa y en el camino correcto.
Porque me lo pide el alma y me lo consiente el cuerpo. Porque soy una mujer viva, soberana por derecho de nacimiento.
Por eso, para mi la vida, será coser y cantar. En otoño y en verano, en marzo o en navidad. Para mí no existe el tiempo. Yo vivo en la eternidad.
Échatelo todo a la espalda, relativízalo todo, no le des tanta importancia, vive sin tanto mal modo.
Que casi nada te altere, que nadie más te perturbe. Que sepas vivir la vida surfeando entre las nubes.
Porque nunca pasa nada, porque nada es importante. Porque al final todo pasa, porque somos impecables.
Porque aunque tengas problemas, todos ellos pasarán. No te lo tomes a pecho, respira y déjalo pasar…
No pienses, no le des vueltas, echa tu mente a volar y disfruta del momento. Nada importa al final…
Sin embargo, aquí y ahora, vas y vienes, vienes y vas. Desde el pasado al presente. Del futuro al más allá y tu estómago inocente no sabe por dónde va.
No digiere, se hace el loco, no se deja de quejar…
Poquito a poco mi amigo…al final lo lograrás y ese estómago divino por fin podrá descansar.