Yo no siempre vivo en paz, tengo mis malos momentos, pero los dejo pasar como a las olas y al viento.
He aprendido a respirar, a llorar cuando hace falta, a abrazar las emociones que me oprimen la garganta.
Sé que no puedo actuar en todas las circunstancias y practico la paciencia con silencio y con constancia.
Yo no siempre vivo en paz, no soy tan lista ni tan sabia, pero confío en la vida y en el poder de mi alma.
Y cuando la noche oscura se asoma por la ventana, la abrazo con mi ternura y mi corazón en calma.