ESOS EGOS PEQUEÑITOS

Poco a poco, con paciencia, me conozco, me descubro, me acepto y también me veo con mi ego pequeñito reclamando por doquier que me quieras un poquito.

Poco a poco, a fuego lento, sin correr, muy despacito, me quiero cada vez más, me abrazo y me doy mimitos.

Poco poco, sin las prisas de la juventud divina que lo quiere todo ya, que no conoce mesura, que te atropella y te pisa y no tiene compostura.

Con la experiencia que dan los años y las batallas, tantas guerras, muchas paces, los desafíos y las desgracias…

Te percatas que eres tú quien lo tiene que vivir, que nadie más es culpable, que tu ego chiquitín es quien reclama atención contantemente, incesante. Él lo quiere todo ya, todo ahora y al instante.

Que es tu niño abandonado, tu infancia de soledad, tus mimos que no llegaron, tus culpas que fueron más las culpas de los adultos que no te pudieron dar los cariños que ni ellos nunca pudieron disfrutar.

Todos somos esos niños necesitados de amor, heridos y maltratados por un mundo grandullón que atropella con descaro el cariño y la emoción. Que te educa y adoctrina sin ninguna compasión que te convierte en adulto lleno de desolación.

Tu debes resucitarte, recuperar la ilusión de ese niño, de ese infante que mira y descubre el mundo con alegría y amor.

Acaricia bien tu alma, abrázate y date amor, deja en paz tu cabecita, resucita el corazón.

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