LAS CALLES VACÍAS

La ciudad fantasma no quiere llorar, se resiste a rendirse, quiere resucitar de su noche oscura, de su soledad.

La ciudad está triste, sus calles vacías no invitan a pasear. Tan sólo los perros pueden transitar por cualquier acera, por cualquier lugar. Los niños no lloran, ni vienen ni van. Han desaparecido, se han olvidado, dejaron de jugar.

Las calles vacías invitan a pensar si no nos hemos vuelto locos con este nuevo orden mundial. Que castiga al niño sin salir a jugar y mata al anciano por vivir de más.

Las calles vacías me han hecho pensar que me gusta el campo más que la ciudad. Que tanto cemento, me ahoga y no me deja respirar, que prefiro a mi gato porque no lo tengo que sacar a pasear encadenado a mi y a mi vanidad.

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