DESDE EL INFINITO

Tejeré mil flores desde el infinito. Regaré tu alma con cuentos bonitos.

Bailaré contigo desde el infinito, nos daremos juntos besos infinitos.

Desde el infinito comeré poesías, contaremos cuentos donde haya abubillas.

Daremos las gracias desde el infinito y con los delfines haremos ganchillo.

Desde el infinito no tendremos miedo, no habrá oscuridad, tampoco dinero.

Desde el infinito todo es más sencillo, sin culpas, ni enfados, ni rencores viejos…

Desde el infinito me haré muy mayor, nunca moriré, seré puro Amor.

TODO ES MÁS FÁCIL

Un día perdí la memoria y no era vieja, era una niña. Me olvidé de lo malo y desde entonces no recuerdo nada que pueda hacerme daño.

Me acomodo en lo bueno, en lo agradable y bello. Me niego a recordar lo que me hace daño.

Porque todo es más fácil cuando ya no recuerdas esas palabras necias, esos desplantes sucios. El sutil ninguneo, el desprecio constante, la aparente normalidad cargada de resentimiento.

Un día olvidé lo malo y puedo respirar con el viento y me río con los pájaros y lloro sin que tú me veas…pero luego no me acuerdo.

No me acuerdo de mis lágrimas ni de los malos momentos. Prefiero jugar a cartas o hablar con todos mis muertos.

Yo ya no tengo recuerdos.

A MI HIJA

Te quiero como el sol ama a la tierra fértil, la alumbra desde lejos y la deja brillar.

Te quiero en la distancia, en el reproche viejo, en esa mala leche y en la risa total.

Te quiero si estás triste, igual si estás contenta. Te quiero cuando duermes, también si estás despierta.

Pienso en ti cada día, de lejos y de cerca. Desde mis años viejos, te veo suspirar.

Y bendigo el camino que recorres, las batallas que libras, tus mejores momentos, tus noches infinitas.

Bendigo y agradezco poder ser tu mamá.

A pesar de las faltas, de todos los complejos, de las grandes cagadas, las ausencias, los consejos.

Bendigo y agradezco que ocupes mi lugar y te sientas más fuerte, más libre, más segura. Tengas claras las cosas, disipes cualquier duda.

Bendigo tu camino y te dejo volar.

Te miro desde lejos y le pido al destino vivir muchos más años para poderte abrazar.

REGÁLATE

Regala el regalo que eres.

Regala tu risa.

Regala ternura y sabiduría.

Regala el abrazo que ella necesita.

Regala palabras, silencios, sonrisas.

Regala el camino que caminas sin prisa.

Regálate siempre, de noche, de día. Cuando sientas frío, cuando no haya brisa.

Tú eres el regalo. Tú la maravilla. Tú tiendes tu mano, sin expectativa.

Dios se ha vuelto humano y hoy en ti se mira.

Regala el amor que eres, amiga.

Con él las tristezas se vuelven alegrías.

Con él los fracasos de golpe se alivian.

Con él el dolor, se convierte en risa y abriendo los brazos acoge y acaricia.

Regala la Vida, la Luz, la Armonía.

El don de tu Voz, tu Esencia Divina.

Regala el silencio, la ausencia querida.

Regala tu Ser.

Regálalo todo y luego…respira.

CUANDO MUERA NO LLORÉIS

Cuando muera no lloréis, no me traigáis muchas flores,

tampoco os vistáis de negro ni sollocéis por los rincones.

El día que yo me muera, me regaláis las canciones que cantamos en las fiestas,

los versos y los abrazos que nos dimos sin pedirlos y sin dar explicaciones.

Cuando muera será un día luminoso y perfumado

por las flores de mi casa, que saldrán por todos lados.

Las rosas me harán la ola, los gorriones y los gatos,

me llenarán de semillas para irme al otro plano.

El sol me dará las gracias por los días que le he mirado

y me he comido sus rayos, con aceite y pan tostado.

La tierra será más fértil, el huerto estará adornado,

cargado de berenjenas y de pimientos asados.

Cuando se cierren mis ojos a este mundo tan amado,

me subiré en un nube y sin prisa y con cuidado,

me iré despacito al cielo que me tienen reservado.

No es el cielo de la iglesia, tampoco el de los gusanos,

es el hogar que merezco por habérmelo ganado.

Por ser justa, buena, honesta. Por ser un Dios encarnado.

Por eso cuando me muera no lloréis, ya no hay cuidado.

La muerte solo es el camino hacia la paz que he soñado.

ESPERAR CON CONFIANZA

Esperar con confianza no es esperanza, es certeza total.

Sucede que tu cabeza no está acostumbrada a eso y anda tendiéndote trampas del revés y del derecho.

Pero el corazón lo sabe y en el alma se transforma esa espera inacabable que tu pensamiento odia.

Practicar mucha paciencia, escuchar tu corazón, dormir sin romperte la cabeza, disfrutar de la ocasión.

Al final no es tan difícil, hacer caso a la intuición, agarrarte bien los machos, aguantar tanta presión.

Saber que todo está bien, aunque te cueste un montón.

El camino que me espera, lo trazo con el Amor. Y si el amor es tu guía, no temas el trompicón.

Vinimos aquí para eso. Somos solamente Amor ❤️

ABRAZAR EL DOLOR

Dicen los místicos, los sabios, los santos (que no están en las iglesias) que se puede  y se debe abrazar el dolor. Amar el dolor.

Resulta demasiado revolucionario para mí mente cartesiana, acostumbrada a clasificarlo todo, separando en bueno y malo, oscuro o luminoso. ¡Somos tan absolutamente duales!

Es fácil amar la Luz, querer a los amigos, entender a los benefactores, abrazar a los que son amorosos y compasivos. Pero abrazar el dolor es demasiado doloroso para nuestra mente dual. No se entiende el dolor, cualquier dolor, todo el dolor, especialmente el dolor que puede sufrir un niño o un anciano (ambos están en una tesitura similar)

En el principio y el final de la vida somos ¡tan vulnerables!

¡Tan dependientes! ¡Tan frágiles!

Acoger, abrazar, aceptar que no justificar, el dolor, es una tarea de seres evolucionados, es un trabajo de hombres conscientes y conocedores de la unicidad del Ser.

Somos Uno, Uno en la Vida, Uno en la Paz, uno en la Luz, como tan amorosamente nos explica Daniel Lumera, Ser Uno te obliga a abrazarlo todo. Ya que no hay separación. Y porque al final y desde el principio SOMOS única y exclusivamente AMOR.

Amor disfrazado de apego, amor escondido en el odio, amor oculto en el dolor, amor que te reconcilia con la vida y con la muerte.

¡ES TAN CORTA LA VIDA!

¡Es tan corta la vida! Se pasa en un suspiro,

ya quedan menos noches de luna por mirar.

Nos parecía eterna, nunca llegaba el frío

y los veranos duraban lo que habían de durar.

Y ahora, cuando quedan más noches que mañanas,

menos ganas de fiestas y algunas de llorar…

Recuerdo que tenía las cejas más espesas,

los ojos más brillantes, y más bailes que bailar.

La vida se me escurre y ya no tengo prisa,

prefiero los silencios sentada junto al mar.

Caminar sin la brújula ni el reloj que me guía,

perderme si hace falta, sin miedo a no llegar.

Y me siento cansada y tranquila y serena,

me siento bendecida y feliz, ¿se podrá?

He cumplido mi parte, obediente y discreta,

me vestí de poesía y calmé mi ansiedad.

Y me duermo de noche, y me canto una nana

y me abrazo como mi madre nunca me pudo abrazar..

Y me cuento mil cuentos de sapos y princesas, de villanos y héroes,

de abuelos que se sientan con sus divinos nietos a jugar y soñar.

Bendita seas mi vida, bendito mi camino,

benditas las mañanas que aún puedo respirar.

El día que me vaya, me iré sin hacer ruido,

sin dar mucho la lata, sin hacerte llorar.

DIETAS

Animales de costumbres nos vamos acostumbrando a comer con la costumbre de lo que nos va gustando.

Sin reparar ni en el cómo, ni en el porqué, ni en el cuándo.  Comemos las porquerías que nos vamos encontrando.

Sin reparar si nos gustan o sólo es esa costumbre que aprendimos desde niños cuando el vinagre era dulce.

Aprendimos a comer lo que comen los mayores, a beber cuando es domingo, al café con tropezones.

Imitamos a papá que come lo que le ponen y a la abuela que aprovecha hasta el último reproche para no dejar ni un hueso de aceituna por la noches.

Y comemos lo que comía mamá cuando nos decía que la leche era mas rica con arroz y mantequilla.

Comemos por empatía, porque somos los copiones que tragamos por los ojos lo que el estómago propone.

Y entonces llega un buen día en que te haces mayor y revisas de repente cada pequeñito error.

Y estás cargado de kilos, de grasa y colesterol. Y te duele hasta el ombligo y te aprieta el cinturón.

Y reduces esos dulces, esos quesos y esos panes. Y te vuelves exigente con los amigos cruasanes…

Y tomas menos arroz, menos sal, más ensaladas. Un poco de coliflor, sin aceite ni patatas.

Eres el rey de la fruta, te emborrachas de aguacate, y tomas los huevos fritos sin ese pan con tomate que te chiflaba hace un rato, en el bar y en el restaurante.

Porque cuando te das cuenta de tu estómago de oro, lo mimas y lo acaricias, es tu máximo tesoro para vivir muchos años, para estar sano y esbelto, para tener mucha fuerza, salud y el mejor aspecto.

Viviremos muchos años , somos los nuevos abuelos, longevos y preparados para jugar con nuestros nietos.