No es por costumbre, ni hastío. No es por obligación. Hacerse vieja contigo es nuestra sagrada misión.
Diría que lo escogimos, nos lo pusimos difícil. El camino tiene baches, curvas, rectas, precipicios. Pero si lo hacemos juntos, resulta reconfortante.
No es por costumbre, amor mío. Vivir contigo es amable, tierno, bello, divertido, aunque hay momentos inconfesables. Hacer catarsis, mi amigo, es del todo indispensable.
Que el Amor nos acompañe, y después de haber vivido lleguemos juntos a Marte.
Cuando María Elena era joven estaba segura de casi todo.
Hablaba sentando cátedra, daba lecciones a todos. Se creía con autoridad para aconsejar al prójimo, a veces antes de que la gente se lo pidiera.
Era imprudente y faltona, y hablaba por los codos para defender sus ‘causas perdidas’. Era marisabidilla, pedante y superlativa.
Un rollazo de mujer, sino fuera porque también era una amiga fiel, compañera y generosa. Pero pesada como una auténtica losa.
María Elena fue cambiando a fuerza de cumplir años y empezó a poner en duda desde la cuna hasta la sepultura.
Tuvo una crisis vital en la mitad de su vida y se lo cuestionó todo, como no podía ser de otro modo.
Solo de esa forma se crece, deconstruyendo el pasado, para vivir el presente sin miedo al futuro cercano.
Bendiciones María Elena, gracias por tu valentía, por atreverte a empezar de cero todos los días.
Perdonando los errores con amor y gallardía. Visualizando el futuro con la luz del mediodía, para llegar a la muerte con la mochila vacía de miedo, de soledad, de culpa, de hipocresía.
Solo la autenticidad es tu mejor compañía.
Bendiciones María Elena, Dios te salve bella mía. Y que el Amor te acompañe hasta el final de tu vida.
Nada de lo que pienso, nada de lo que digo, tampoco porque lo escriba…
No es verdad, a veces ni siquiera tiene sentido.
Enmarañada en mi mente, en mis emociones y en missentidos. Creyendo que el sentimiento, no me miente como un cretino.
Me paro, contemplo el cielo, desde mi templo divino y doy las gracias a Dios, a mis ángeles que tienen cuerpo de amigos. A mi alma perfumada con el amor infinito.
Me paro, doy las gracias y me alivio.
Si sufro porque me miento, aparto de mi ese cáliz.
Se acabaron las mentiras, sufrir solo es de cobardes.
Veinticinco días te han bastado. Has muerto de libertad. Has olido la fragancia de la vida de verdad.
Y nos has dejado solos, llenos de amor y amistad. Tus ojitos se han clavado en nuestra alma inmortal.
Logan, el gatito obeso, el que a veces olía mal. El que vivió sin vivir, el que casi sabía hablar.
¡Nos has dejado tan solos! Te has ido sin avisar… Has probado los manjares de vivir en libertad: las flores, los pajaritos, el césped acabado de regar.
Casi no has tenido tiempo, pero te supiste adaptar. Te hiciste el dueño del mundo, en nuestro amoroso hogar.
Querido gatito lindo, te has muerto de libertad. Y entre lágrimas te digo: ‘gracias por Ser y por Estar’.
Has cruzado el arcoíris sin sufrir, sin sollozar.
Mereces seguir viviendo por toda la eternidad entre suaves ronroneos, los que nos pudiste dar en esos poquitos días donde te aprendimos a amar.
He vivido con mi nieto unos días de película, hemos hecho tantas cosas que necesito escribirlas, no vaya a ser que mañana cuando Bruno me pregunte ¿te acuerdas, Labu, qué hacíamos, no recuerde ni mi nombre.
Tengo muy mala memoria, sólo recuerdo lo bueno, las cosas malas las borro, no alimento los incendios.
Hemos tocado el piano, hemos hecho el boquerón, hemos jugado a las cartas, y chutado algún balón.
Nos hemos muerto de risa, nadando sin ton ni son, hemos recogido fresas y hemos olido una flor.
Hemos tocado una rana, nos medimos y pesamos. Hemos contado algún cuento, nos hemos dado las manos para decirnos bajito lo mucho que nos amamos.
Y hemos cocido un pastel, de chocolate del bueno, que a ti no te gusta mucho, prefieres el chocolate de pequeños.
Y hemos visto ese castillo lleno de magia y piratas y hemos hecho una excursión, comiendo muchas patatas. A ti te gustan con kepchup, que no es muy saludable, pero da igual, querido nieto, las vacaciones están hechas para ser inolvidables.
Y has saltado y has brincado y has visto muchos dibujos y has comido cien galletas, de ésas que te gustan mucho.
Y has contado hasta quinientos mientras hablas por los codos. Y tu mamá con paciencia te lo responde todo.
Incansable eres, Brunito.Tan hermoso como el sol, con esos ojitos negros tan cargaditos de amor.
Y juegas al ajedrez, e improvisas al piano, si me dejo alguna cosa, me lo recuerdas, nieto amado, porque mientras tenga fuerzas continuaremos ‘labureando’.
La eternidad es un suspiro cuando Bruno viene a verme. Los gatos hacen la ola, las avispas desaparecen y los pajaritos cantan desde enero hasta diciembre.