Hay agravios, hay abusos, hay traiciones indecentes, hay seres muy inconscientes que utilizan su ignorancia sin amor, sin tolerancia.
Hay momentos imposibles, hay dolores insufribles, hay relaciones amargas que minan tu inocencia mágica.
Pero detrás de todo eso hay seres tan fuertes, tan bellos, tan luminosos, tan buenos, que pueden con todo eso, con cada horror, cada pena, con la ignorancia suprema.
Y con total fortaleza vuelan sobre su tristeza. Le dan alas a los sueños, son magos y son los dueños de su sagrada verdad, de su total libertad, de su amor, de su destino. Esos seres son divinos y tú entre ellos estás.💚
Uno de los mitos espirituales más peligrosos que hemos heredado es que se supone que la curación es para ‘sentirse bien’.
No. A veces, nuestra incomodidad se intensifica cuando la oscuridad se convierte en luz, cuando el material inconsciente se abre camino hacia la conciencia presente, cuando nuestras viejas ilusiones se queman en una fiebre de curación.
Quizás nuestro malestar no sea un mal, un error o una señal de que hemos perdido el camino de la sanación. Recuerda, la presencia de dolor hoy en realidad puede indicar que nuestro proceso de curación se está intensificando, no estancando; que ahora estamos más despiertos y sensibles que nunca, menos insensibles, menos dispuestos a dar la espalda, más en contacto con nuestra sagrada vulnerabilidad.
Existe tal tendencia en nuestra cultura a evitar molestias de cualquier tipo, distraernos de ellas, etiquetarlas como ‘incorrectas’ o ‘negativas’ o incluso ‘no espirituales’, meditar o medicarlas. Gran parte de nuestra medicina occidental está orientada a la eliminación de los síntomas, el silenciamiento de la disrupción, el adormecimiento del caos y el viaje hacia una «normalidad» socialmente aceptable.
Pero a veces, amigos, ya no nos interesa ‘volver a la normalidad’. Lo ‘normal’ era el problema, no la solución. El statu quo necesitaba cambiar. Era inestable y falso. Nuestra vieja concepción de la realidad nos mantenía atrapados y necesitábamos liberarnos. A veces, una «normalidad» adormecedora y destructora del alma necesita romperse en caos y crisis; nuestro dolor y tristeza, frustración, agotamiento, miedo y dudas necesitan sentirse más plenamente que nunca antes, y el corazón necesita abrirse más completamente.
¡Que soplen, pues, los vientos, que bramen las tempestades, que todo lo falso se purifique, que todo lo muerto permanezca muerto, que la vida estalle allí donde estés! Solo estás siendo invitado ahora a una sanación más profunda, amigo, aunque se sienta como si estuvieras ‘peor’, aunque el corazón esté tierno y crudo, ¡aunque todavía no puedas sentir tu mañana! ¡Pronto te levantarás como un fénix!
Esculpiendo la vida en equilibrio, armonía, amor y amistad.
Estamos todos unidos en pro de la honestidad, del buen rollo, del camino que siempre podrás andar.
Batallón en pie de paz, para el mayor bien de tu alma, para volver a empezar, con la certeza de que todo, absolutamente todo, siempre se puede superar.
Suelta el miedo, basta de lágrimas, nadie podrá eliminar la luz que siempre ilumina tu mirada celestial.
Eres más fuerte que el viento, valiente, eterna, inmortal.
La fuerza que llevas dentro es más grande que el océano, más brillante que la luz, más bendita que la tierra, esa es la fuerza que eres TÚ.
Nada importa entonces ante la urgencia de sostener, de estar, de permanecer en paz y con la firmeza y el amor necesarios para ayudar sin invadir, para apoyar sin agobiar, para abrazar sin apretar, para escucharte sin hablar.
A veces es urgente dar un salto y agarrar la fuerza del corazón, la paciencia, la equidad, la justa palabra buena que sane tanta maldad.
A veces sólo hace falta que te pongas a cantar que mires a las estrellas, que abraces al teu gegant.