PRONTO TE LEVANTARÁS COMO UN FÉNIX – JEFF FOSTER

Uno de los mitos espirituales más peligrosos que hemos heredado es que se supone que la curación es para ‘sentirse bien’.

No. A veces, nuestra incomodidad se intensifica cuando la oscuridad se convierte en luz, cuando el material inconsciente se abre camino hacia la conciencia presente, cuando nuestras viejas ilusiones se queman en una fiebre de curación.

Quizás nuestro malestar no sea un mal, un error o una señal de que hemos perdido el camino de la sanación. Recuerda, la presencia de dolor hoy en realidad puede indicar que nuestro proceso de curación se está intensificando, no estancando; que ahora estamos más despiertos y sensibles que nunca, menos insensibles, menos dispuestos a dar la espalda, más en contacto con nuestra sagrada vulnerabilidad.

Existe tal tendencia en nuestra cultura a evitar molestias de cualquier tipo, distraernos de ellas, etiquetarlas como ‘incorrectas’ o ‘negativas’ o incluso ‘no espirituales’, meditar o medicarlas. Gran parte de nuestra medicina occidental está orientada a la eliminación de los síntomas, el silenciamiento de la disrupción, el adormecimiento del caos y el viaje hacia una «normalidad» socialmente aceptable.

Pero a veces, amigos, ya no nos interesa ‘volver a la normalidad’. Lo ‘normal’ era el problema, no la solución. El statu quo necesitaba cambiar. Era inestable y falso. Nuestra vieja concepción de la realidad nos mantenía atrapados y necesitábamos liberarnos. A veces, una «normalidad» adormecedora y destructora del alma necesita romperse en caos y crisis; nuestro dolor y tristeza, frustración, agotamiento, miedo y dudas necesitan sentirse más plenamente que nunca antes, y el corazón necesita abrirse más completamente.

¡Que soplen, pues, los vientos, que bramen las tempestades, que todo lo falso se purifique, que todo lo muerto permanezca muerto, que la vida estalle allí donde estés! Solo estás siendo invitado ahora a una sanación más profunda, amigo, aunque se sienta como si estuvieras ‘peor’, aunque el corazón esté tierno y crudo, ¡aunque todavía no puedas sentir tu mañana!
¡Pronto te levantarás como un fénix!

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