Mensaje de Amawta Fernando Ergueta Sacerdote de Tiwanaku – Mensajero de los Andes Abril 2020

Desde mi refugio inesperado,
Desde el punto más lejano perdido entre el tejido de montañas y cielos, veo extrañado romperse el pasado.

Desde mi ventana recién inventada,
Veo romperse a pedazos el mundo que otros crearon y veo que no queda nada.
Desde el lugar que eligieron para mi refugio temporal y casual, veo pasar las Águilas resbalando por el cielo impecable y profundo.

Desde mi claustro
recién montado veo nacer otro mundo nuevo humano, veo pasar hombres y mujeres que se han atrevido a mirar el cielo otra vez, y con esos ojos humedecidos veo abrazarse y mirarse a sí mismos.

Desde la lejana aparente soledad de mi refugio, veo desplomarse a los gigantes de barro que con su sombra densa ensombrecieron la vida.
Veo erguirse por entre los montes y las praderas otra realidad que me cuesta reconocer.

Desde mi ventana
veo transitar el tiempo nuevo con paso ufano y libre.
Veo a personas más despiertas, menos estresadas, seres con los ojos más abiertos, que hasta se atreven a mirarte a los ojos y son capaces hasta de darte la hora o contestar a tu saludo y tu abrazo si pudieran.

Desde mi lejanía puedo sentir las lágrimas de la madre tierra que silenciosa y modesta aún es capaz de amamantar con sus frutos a sus hijos que tanto ama.
Desde la sima de la montaña puedo ver la inmensidad del padre sol que me calienta y puedo sentir que mi alma independiente de mi conciencia abre el canal de mi corazón para agradecer este momento en la que todo cambia y en el que nada será mañana lo que pudo ser ayer.

Desde el Rincón de mi confinamiento, puedo ver frente a mí, mi pasado y puedo percibir que los frutos del árbol del pasado están dando nuevos frutos.
Desde el lugar más profundo del bosque puedo percibir el aire más limpio, el sol más claro, el río más alegre con peces de plata, el cielo salpicado de oro, y puedo sentir el sonido de muchas cadenas invisibles que se rompen, liberando a millones de hermanos que se creían libres.

Desde es ta ventanita donde apenas cabe mi cabeza,
Puedo ver en las noches serenas el paso de miles de estrellas que derraman su luz y simiente nueva, sobre la conciencia de la nueva tierra para que de la nueva simiente brote un nuevo árbol de la vida.

Ojalá que desde mi ventanita pueda ver pasar a más gente humilde y sonriente, a más personas capaces de seguir colaborando con el prójimo, a más personajes entregando sus salarios para compartir, a más Reyes vendiendo sus coronas para alimentar al hermano, a más gobernantes vender sus aviones presidenciales para repartir entre los que sufren hambre, a más campeones mundiales repartir sus balones de oro para ayudar a los que sufren el dolor de la pandemia.

Ojalá que desde ayer y hasta hoy, desde todas las ventanas como la mía, se puedan ver rostros menos compungidos.
Ángeles vestidos de blanco arriesgando su propia vida para salvar la de su prójimo.
Vidas más inspiradas en el bien común….

Ojalá que desde todas las ventanas de todas las ciudades y los pueblos hoy deshabitados, podamos mirar sin ningún miedo la vida, por más que la vida esté en juego, si se trata de reconocernos.

Ojalá que Dios se quede a vivir con nosotros o que no se nos vaya pronto una vez que esté entre nosotros.

Ojalá que el dinero sólo sirva para comprar lo que se necesita y que las mentes viejas y arrugadas, que perdieron su tiempo en acumular historias perdidas, que no tuvieron tiempo para enterrar su fortuna bajo la arena de la playas, o de los ríos, no se atrevan a romper este momento de renacimiento y resurrección comunitaria, legado de los ancestros, porque acudiendo al viejo credo, al credo del amor, hoy todo lo construido ha muerto y de esa simiente se levantará una nueva humanidad.

Ojalá que desde hoy, cuando caminemos por la nueva tierra, un coche no sea el privilegiado frente a un venado o a un grupo de niños.
Ojalá que pronto un pueblo de árboles viejos y gigantes que hacen un bosque, sea tan respetado e importante como un pueblo de hombres viejos que hacen familias.

Ojalá que todo lo que se ha detenido por salvar la vida no se caiga sobre nosotros al tratar de volverle a dar movimiento.

Sé que tendremos paciencia y pulso si nuestra mano es conducida por el amor y nuestra cabeza por la paz y la ciencia y nuestra conciencia no sea removida nunca más ni a derecha ni a izquierda.

Amawta Fernando
Desde Los Andes
Camino de Wirakocha Bolivia
Jallalla!

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