PEQUEÑITOS SOBERBIOS

Virus desconocidos que paralizan el mundo de los hombres pequeños.

Congresos suspendidos, reuniones aplazadas, mascarillas que llegan para quedarse y agrandar los bolsillos de sus fabricantes.

Menuda fiesta inmensa hemos organizado, todos muertos de miedo algunos muertos de pánico.

Somos tan pequeñitos ante lo imprevisible, que toda nuestra tecnología se vuelve inservible.

De nada sirven móviles, teléfonos y escáneres, hormiguitas pequeñas y tan vulnerables que damos mucha pena ante tanta soberbia y vanidad incesantes.

¡Qué pequeñitos somos, qué poco necesarios, qué practicamente insignificantes!

Si aprendiéramos un poco y nos sintiéramos un poco menos grandes. Ante tanta impotencia, ante tanta absurda necedad impresentable…

Si por un segundo supiéramos con humildad mirarnos en el espejo de nuestra imagen frágil!

Tal vez entonces no existirían los virus ni las enfermedades.

¡Pobres hombres soberbios que se creen inviolables, su mundo es tan pequeño y su vida tan frágil!

Ojalá que algún día aprendamos a vernos con los ojitos tiernos de nuestros animales, crezcamos cual montañas y seamos gigantes, y venzamos los virus del odio y la malasangre.

Ojalá sea el amor nuestro virus más grande.

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