CUANDO LOS MANGOS CAÍAN DE LOS ÁRBOLES

SDC10981De cuando los mangos caían de los árboles….
Hacía calor y ese calor a veces se echa de menos. Es un calor caliente, que te abraza, que te acaricia, que te hace sentir acompañada; un calor sofocante que no te quita la respiración, más bien al contrario, te ensancha los pulmones y te ayuda a respirar. Es el calor del amor a la naturaleza, el amor de la selva, el amor de los mangos cuando caen de los árboles.
Cuando vivíamos en donde los mangos caen de los árboles, el tiempo no existía. Los días pasaban sin horas y las horas sin minutos, las noches eran para descansar y los días para sanar. Las mañanas tempranas y las noches largas. Los problemas estaban entre paréntesis, pero no por eso dejaban de existir; pero a nosotros no nos importaba.
Vivir entre paréntesis es cómodo pero poco práctico y menos realista. Vivíamos en una realidad paralela que hicimos nuestra, pero no lo era.
En nuestro mundo los mangos no caen de los árboles, se compran en el supermercado, y fue duro darse cuenta de esa verdad de perogrullo.

 

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