NADIE DIJO QUE FUERA FÁCIL

Nacer es un verbo difícil de parir. Se nace desde dentro sin ganas de salir.

Te cuesta echar el ancla en este mundo hostil que te espera de espaldas con el garrote vil.

Y naces y te sientes huérfano de ti, porque ya no te acuerdas, no sabes dónde ir.

Y a veces tienes padre y madre que cuidan de ti y hacen lo que pueden sin que te sirva a ti.

Porque para parirte, mucho habrás de vivir. Decidir que no quieres ser siempre un pequeñín.

Tomar pronto el timón de esa nave nodriza que te muestra la vida dándote una paliza.

Porque la vida, amigo, es un juego infinito de momentos preciosos y de otros exquisitos.

Y entre medio las hostias, las caídas, los vicios…Vivir es una suerte de perdón y castigo.

Pero de tí depende seguir como ese hámster que sigue dando vueltas haciéndose el cobarde.

Salirse de la fila, mirar el sol de cara, perdonarte la vida y abrazar tus cagadas.

Aprender a alegrarte aunque no tengas ganas, bailar sin saber mucho, cantar sin la voz de la Callas…

Pisar todos los charcos, reírte de tu cara, aflojarte las bridas y trotar al mañana que te espera riendo, si despliegas las alas.

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