Veintisiete años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos, de ilusiones, de sufrimientos, de alegrías, de empujones y de coscorrones, de bailes y funerales. De broncas y amores, muchos más amores.
Veintisiete primaveras llenas de flores, de veranos mojados y de inviernos oscuros, de otoños de esperanza. De vida vivida y sostenida. De intenciones, de actos y devociones. Muchas devociones.
Veintisiete años, con meses intensos, con días eternos con todas sus noches.
Veintisiete maneras de decir te quiero, sin decirlo, haciéndolo posible a cada momento. Veintisiete caricias, veintisiete enfados, veintisiete canas, veintisiete kilos, veintisiete millones de besos.
Y ahí estamos, inventando canciones y versos, prometiéndonos la luna aunque a veces no veamos su reflejo. Jugando a ser mayores, sabiéndonos pequeños. Creyéndonos los dueños del universo.
Los tiempos eran lentos, las películas menos, los horarios imposibles pero las ganas todas. Había poco dinero y menos egos. Todos lo hacían todo, algunos eran genios.
Somos sus sucesores, pero nunca los alcanzamos. Pertenecían a una generación irrepetible y única que se gestó en la radio. Sus rostros eran anónimos, pero sus voces se metieron en nuestra vida para siempre. Eran magos, eran artesanos, eran duendes…Eran las voces en nuestro idioma de los actores y actrices de Hollywood. Las voces de las películas que hacían soñar a una sociedad triste y enferma. Las voces que endulzaron la dictadura.
Con ellos el doblaje se convirtió en un arte. Un oficio apasionante para hombres y mujeres apasionados que hicieron de su trabajo su mayor afición, su forma de vida. Literalmente se pasaron la vida frente a la pantalla. Desde la moviola de ajuste, a la butaca de dirección o el atril, todos se dejaron la voz y la vista y también sus emociones.
La mayoría de ellos traspasaron el umbral de esta vida y se quedaron para siempre en los magnéticos de las películas. A los que aún estáis entre nosotros queremos ofreceros este homenaje de admiración y reconocimiento, como representantes de una generación irrepetible y única que conformó la época dorada del doblaje en nuestro país y a la que estaremos eternamente agradecidos por habernos enseñado vuestro oficio y habernos transmitido vuestra pasión.
Gracias a Rosa, María Luisa, Arsenio, Marta, Julia, Enriqueta, Santiago, Antonio, Ricardo, Elsa, Joaquín, Rogelio, Felipe, José Luis, Manolo, Rafael, Miguel Angel, Luis, Nuria, Roser, María Dolores, Gloria, Bartomeu, Dionisio, Fernando, Alberto, Pepe, José María, Eduardo…
Hubo un vez un sabio que escribió ‘hoy es siempre todavía’. Sabía que nada es para siempre, tampoco la tristeza, tampoco la depresión. Tristeza, rabia, ira, celos, depresión , enfermedad…..no son nuestra condición . Sin embargo muchas veces nos acompañan una o todas ellas y nos creemos que nunca podremos sanarnos. Pero la vida siempre avanza y el sol cada día nos brinda una nueva oportunidad. ‘Hoy es siempre todavía’, siempre es todavía, y podemos volver a respirar y sonreir.
No, no somos una granja humana, somos seres libres y bellos y sabios y potentes y generosos y amorosos y por eso muchas veces las energías oscuras que andan vagando buscando la Luz, se nos enganchan como lapas a la nuestra y nos empiezan a consumir. Somos pilas que nos vamos gastando. Nos gastamos cuando peleamos, cuando trabajamos en exceso, cuando no nos cuidamos, cuando dejamos de reir, de besar, de cantar. Y cuando nos olvidamos de pedir ayuda. Somos seres comunitarios que nos necesitamos. Pertenecemos a la misma tribu, somos de la misma familia, nos parecemos mucho, tenemos las mismas emociones. Todos pedimos, necesitamos, reclamamos Amor. Somos Amor. Hasta la energía más oscura y densa sólo busca eso: Amor.
Ojalá llegue el día en que todos podamos dar tanto amor que nadie tenga nunca más la necesidad de pedirlo, de robarlo, de mendigarlo. Somos Amor. Cada día estoy más convencida de que hemos venido a este bellísimo planeta a recibir y dar Amor.
Gracias al gigante que a través de su camino de sabiduría y sanación ha traído todo el amor de las montañas de Perú y Bolivia y ha sanado al egregor que se alimentaba de mi corazón 💜