Carita de zanahoria, cuerpito de coliflor, se te ha pasado la vida con el mismo camisón. No se estropea la ropa, como me estropeo yo. Mi cuerpo se descompone, mi ropa huele a almidón.
Los minutos y las horas, los días que se suceden forman una orquesta rara, una sinfonía perenne.
Hoy es lunes, luego viernes, ayer verano, hoy diciembre.
Antes tuve el pelo largo, hoy tengo canas en las sienes.
Y me miro en el espejo y busco a mi niña chica que se escondía del mundo, que pasaba inadvertida. Y la busco y no la encuentro y me la llevo a dormir, esperando que en mi sueño se aparezca en mi jardín.
Y me miro y me doy besos, y me parece mentira que me quepa el camisón que ayer mismo me ponía.
Con el que me hice mayor, soñando que me dormía, con el que tuve a mis hijas creyendo que te quería.
Carita de zanahoria se me pone cuando pienso que se han pasado los años y yo sigo el mismo cuento. Buscando la caracola que perdí en aquel colegio, donde las monjas rezaban y yo me creía sus rezos.