
Hay médicos que dan miedo. Médicos misteriosos, sublimes y confusos que utilizan su poder para amedrentar a los ingenuos pacientes que, pacientemente, esperan una palabra de alivio.
Hay médicos amigables, cercanos, humanos. Médicos que empatizan con el enfermo y le miran a la cara y utilizan un lenguaje sencillo , accesible y comprensible a oídos ignorantes de la terminología médica.
Yo prefiero a esos médicos que no utilizan su bata blanca para distanciarse de sus pacientes, sino para darles confianza.