Es lenta y progresiva, apenas te das cuenta. Va inundando tu vida de imposiciones y reglas.
Ocurre poco a poco desde el día en que naces. Llegar hasta este plano no es cosa de cobardes.
Desde el cosmos infinito, tal vez de alguna estrella, un día te propones jugar en esta esfera. Y naces y te adaptas y creces y te mandan. Y todas tus demandas casi siempre hacen aguas.
Te llevan al colegio y empieza el sortilegio. Te someten a reglas para jugar su juego.
Y así, sin darte cuenta, porque eres muy pequeño, tu cerebro expansivo, se va desvaneciendo.
Se vuelve más dogmático, deja de creer en sus sueños. Le invaden pesadillas, sacrificios y retos.
Domesticarte es fácil, lo hicieron hace tiempo. Pero si te das cuenta, si entiendes bien el juego, verás que es divertido deshacer el hechizo.
Desaprender, resucitar, recuperar tu brillo.
Sé valiente mi hermano y al acecho de ti mismo, recupera a tu niño.
Vuelve a reír de todo y confía en ti mismo.
Tú tienes las respuestas, no están en ningún libro.
Nos complicamos la vida y la vida no es complicada. La vida es para vivirla con arrugas en la cara. Sin ir corriendo y deprisa, con tiempo para dormir. Masticar las emociones y abrazando el porvenir.
La vida te la complicas desde el principio hasta el fin. Empieza en la guardería y acaba en el sanedrín. Corriendo y a toda prisa, tienes que irte a dormir. Estudiar las mil teorías que no te harán más feliz, trabajar toda tu vida para llegar hasta el fin.
La vida es para vivirla, con pasión y devoción. Oliendo las margaritas, expandiendo el corazón.
Saludando a los gusanos, diciéndole adiós al sol. Ensuciándote de barro, durmiendo bajo una col.
La vida es tan divertida, tan corta, tan imponente que es un pena, ni niña, que la malgastes sin detenerte en lo que importa de veras. En Ser y sentir de frente que estamos aquí de paso. No desperdicies tu suerte.
La vida eres TÚ preciosa, abrázate y sé valiente. Y abandona el laberinto de este engaño impenitente.
Vivimos en un mundo en el que la tecnología se entiende como sinónimo de progreso. Algunos seres humanos parecen confiar más en las máquinas que en sus semejantes. No obstante, las civilizaciones jamás se han salvado con el poder de la tecnología, sino despertando el poder interno del hombre.
¿Qué es un héroe? Un ser humano capaz de vencer, con sus propios recursos, a sus miedos, dudas y reticencias, desarrollando valores que le motivan a actuar con sabiduría, bondad y poder. El héroe simboliza la unión de las fuerzas celestes y terrenas. Se sabe mortal, aunque tenga ascendencia lejana vinculada a los dioses. El prototipo del héroe es aquel que, aún desconociendo su origen, destaca por sus acciones. Crece por su valor personal, individual, y por su pureza y fuerza moral y coraje a toda prueba.
Un héroe no lucha en un ejército, porque jamás obedece órdenes. Está en constante conexión con el saber mágico y divino de la vida. Se construye a sí mismo y no aspira a realeza ni a cargos de poder; su aspiración está en el plano espiritual, en su propia evolución creadora. Por todo ello, es respetado y temido por amigos y enemigos. Hoy, me gustaría despertar en todos nosotros el arquetipo del héroe.
La gente cree que ya no necesitamos héroes. Se acepta la distopía, las injusticias, la maldad y el discurso de una inevitable destrucción apocalíptica con crisis generalizadas, que no solo intentan justificarse, también normalizarse. ¡Cuidado con el derrotismo! Que sean sus planes no significa que vaya a ocurrir. La guerra se genera en la mente de las personas, es una guerra de dominio psicológico. El objetivo es ese: hacerte creer que no puedes hacer nada para evitarlo y, menos aún, para cambiarlo. Te han repetido tantas veces que el mundo es así, que te lo has creído.
No obstante, ¿es verdad? No. En absoluto. Dar por hecho que no vale la pena ni intentarlo, que ellos ganarán, es negar el propio poder (nuestro héroe); es resignarnos a aceptar la propia debilidad y derrota pensando, tonta e ingenuamente, que no hacer nada nos exime de responsabilidades. Y esto es falso. El no hacer es una forma pasiva o inconsciente de consentimiento. Así que cuidado.
Hay que afirmar el NO CONSENTIMIENTO desde el reconocimiento de quién soy, desde el poder de mi corazón de héroe libre e indómito.
No podemos pretender cambiar lo colectivo sin construir primero nuestra individualidad. El individuo tiene que fortalecerse porque es lo que empodera lo colectivo. El colectivo como masa es débil y vulnerable, porque es manipulable. Por eso reivindico el arquetipo del héroe: hemos de tomar las riendas de nuestra certeza interior, reconquistar nuestro espacio y tomar acción para forjar nuestro propio destino, guiados por la responsabilidad (que significa habilidad de responder) y la conciencia (que significa con conocimiento de sí mismo). Y hacerlo desde la paz interior y el autocontrol.
Si actuamos con impecabilidad y contundencia a nivel individual, por resonancia, se origina una expansión anímica positiva colectiva. Si observamos la naturaleza a nuestro alrededor, veremos un patrón de armonía. Este conocimiento es muy antiguo. Nuestros ancestros lo sabían. Hubo un tiempo en el que vivíamos de otra manera. Existe en nosotros, ¡todavía!, la añoranza de un saber que nos hacía poderosos. Sigue ahí, con la fuerza de una certeza que solo es posible cuando existe un profundo sentimiento intuitivo de identidad con el Ser, esa energía infinita que nos impregna cuando permitimos que la bondad gobierne nuestras vidas.
Tal vez el mayor reto al que nos somete esta encarnación es abandonar la necesidad de validarte.
Aceptar que eres perfecta sin que nadie lo reconozca. Reconocer que eres buena sin que nadie te lo recuerde. Aprender a escucharte y saber qué es lo que te gusta.
¿Qué te hace feliz?
¿Cuál era tu habilidad, el don que nunca pudiste desarrollar, mientras obedecias y aprendías cosas superfluas?
¿Qué te gusta? Y cuando sabes lo que te gusta…¿Lo haces?
¿O procastinas…a la espera del momento adecuado? Porque tienes mucho trabajo, muchas cosas que has de hacer, muchos compromisos, muchas obligaciones, muchas imposiciones, muchas inquisiciones que metieron en tu cerebro cuando eras una esponja y todo lo absorbías…
¿Qué te gusta hacer?
¿Dónde te gusta vivir?
¿Qué te gusta comer?
¿Sabes estar en silencio?
¿Te atreves a estar contigo?
VALIDARSE siempre ante los ojos de los demás es agotador además de inútil.
A nadie le importas más que a ti mism@
Eres tan valioso, tan absolutamente valiosa, que ni siquiera te ves. No te han dejado verte…pero ya no hay excusas.
Actuaciones de nuestro prójimo como si nosotros estuviéramos por encima de todo y lo tuviéramos ya todo claro, superado y resuelto.
¡Ah! ¡Qué osados somos amigos!
Consejos vendo a granel y se nos llena la boca de mil y mil soluciones que no me aplico para mí. Somos egos parlantes que nos atrevemos a decir a los demás lo que no somos capaces de ver en nosotros.
Y así es y así ha de ser. Estamos aquí para aprender.
Somos todos aprendices en esta difícil misión de transitar por la tierra sin experiencia alguna.
Olvidamos para qué vinimos y nos pasamos la vida buscándonos en la mirada de los otros. Gracias hermanos que me ayudáis a ver y a verme.
Parece que no avanzas, que das dos pasos para adelante y luego uno para atrás… Y aunque no lo parezca, no dejas de avanzar.
Y vas tomando impulso, cogiendo carrerilla, asomándote al precipicio, escalando aquella cima.
Porque siempre se avanza, aunque tú no lo creas le vas perdiendo el miedo al llanto y a la pena.
Y vas tomando impulso y te cuesta ya menos salir del laberinto del necio sufrimiento, que no te aporta nada, que nada soluciona. El dolor es objetivo, el sufrimiento un engaño de tu mente egoica.
Y vas tomando impulso y vas acelerando, porque la sabiduría se alcanza con los años.
No se aprende de joven, no se enseña en la escuela, aparece a medida que dejas de sufrir.
Que abrazas el misterio de la vida y la muerte, que aceptas que no es casual nada de lo que te sucede.
Que limas asperezas con tu cuerpo y tu alma, que aparcas a tu ego y callas, pero ya no consientes.
Y vas tomando impulso y un día de repente, descubrirás que existes más allá de la mente.
Yo mientras tanto sigo, dando las gracias siempre, dos pasos hacia delante, avanzando de frente.
Si al final de la vida resucitas, te reconcilias contigo y tus errores. Perdonas tus faltas y aligeras tu equipaje…
Si al final de la vida te gustas y te enamoras de ti, te sientes en paz y amas hasta tus malas horas…
Si al final de la vida te miras al espejo y te ves más hermosa, más joven y más sabia…
Y sigues aprendiendo y sigues aprendiendo…
Si al final de la vida amas más a tu madre y entiendes a tu padre y comprendes sus miedos…
Y te das un abrazo y sueltas y abandonas la necesidad de estar casi siempre en lo cierto…
Si al final de tu vida respetas a tus hijos y los ves como seres adultos y despiertos…
Y te alejas despacio sin darles más consejos…
Al final de la vida puedes estar contento. Puedes dormir tranquilo, puedes mirarte en el espejo y decirte sin culpa, ‘resucita pequeño’, es tiempo de caricias, de risas y de sueños.
Al parecer cuando encarnamos ya comienza el baile y con el paso de los años y la locura colectiva en la que vivimos, algunos nos acabamos dando cuenta.
Darse cuenta es el primer paso, pero no creas que con eso es suficiente. De hecho sólo es el principio.
Es muy duro darte cuenta del engaño, salir de la programación es muy complicado. No sé siquiera si es posible.
Pero ya no hay vuelta atrás.
Empieza entonces un trabajo personal infinito. Un ‘estar al acecho’ de ti mismo: de tus emociones, de tus reacciones, de tus acciones, de tus palabras.
Ser responsable de uno mismo es una bendición y una enorme responsabilidad. Ya no le puedes echar la culpa a nadie de nada de lo que te pasa. De tus estados de ánimo, de tus logros, de tus aparentes fracasos. Ya no puedes continuar con tu papel de víctima.
Salir del hechizo es una labor diaria que dura toda la vida.
Salir del hechizo es una oportunidad para ser feliz.
Salir del hechizo es una bendición, un regalo, una experiencia para compartir. Porque nos merecemos la libertad.