Vas en busca de la paz y la tienes a tu lado, dentro de tu corazón, en tus ojos asustados.
Vas en busca del amor y lo tienes al costado, en la caricia sutil que ni notas que te han dado.
Vas reclamando atención sin darte cuenta, mi vida, que no necesitas nada, tú eres la materia prima.
Si pudieras ver tu luz, si reconocieras tu fuerza, si te atrevieras de pronto a escuchar a tu conciencia…
Otro gallo cantaría hermoso ser encarnado, que olvidaste tu misión, creyendo que eras un sapo.
Recordar, tomar conciencia y develar la mentira, sólo requiere paciencia y un poco de fantasía.
Recuperar el poder, la luz que nunca perdiste y empezar de nuevo a SER lo que siempre fuiste: un trocito de la Fuente, un pedacito de Dios, un angelito durmiendo el sueño de la tercera dimensión.
Bienvenido al nuevo tiempo porque empieza la función. Si te mantienes despierto disfrutarás un montón.
Ya no hay excusas. No puedes tirar pelotas fuera, ni echarle la culpa a nadie.
Tú y solo tú eres el responsable de tu vida.
Y nos hacemos tantas trampas…
La buena noticia es que se muestran al toque si estás un poco atenta, si te permites transitar esa zona oscura que no acostumbras a mirar, que ocultas inconscientemente, que crees que no existe. Que criticas en los demás, pero no ves en ti.
Nos hacemos tantas trampas…
Y ya es tiempo de descubrirlas.
Coherencia, consecuencia, impecabilidad se nos pide en este tiempo de transición.
Tenemos las herramientas. Disponemos del tiempo. Estamos sostenidos.
Cuando solicitamos asistencia, nos la dan inmediatamente.
¿Qué más necesitas?
¿Cuántas más pruebas quieres?
Sacúdete las legañas y ten la valentía de sanar tu oscuridad.
Es igualmente bella que tu luz. Eres tú misma, pero no quieres verla.
Y te haces tantas trampas…
Te aseguro que si empiezas a practicar, no cuesta tanto y es reconfortante.
Es como si tu mami viniera de nuevo a decirte: «tranquila, no llores, todo está bien. Estoy contigo y nada te puede pasar».
Atrévete a mirar de cara tus zonas oscuras y encenderás la luz de tu alma para siempre.
María Elena disponía de tiempo. Ese bien tan preciado y envidiado, ese regalo.
María Elena se lo había ganado a pulso. Lo había deseado, pedido, anhelado desde hacía mucho, mucho tiempo. Y el tiempo, abstracto, intangible, invisible y casi imposible, le guiñó un ojo y se puso de su lado.
Desde entonces, María Elena dispuso de mucho tiempo para disfrutar de su tiempo.
Y decidió no perder más tiempo y dedicarse a llenar su tiempo haciendo cosas que le llenaban el alma y alegraban su corazón a partes iguales.
Y el tiempo se lo agradeció, haciéndose más largo, más tranquilo, más lleno de ganas de pasar mucho tiempo con ella.
María Elena se despertaba por la mañana y agradecía por otro día sin tiempo, fuera del tiempo, llena de tiempo.
Agradecía por el agua sagrada que salía del grifo, por el sol que de nuevo iluminaba su cara.
Agradecía su desayuno, su caminata diaria, el ronroneo de sus gatos, la caricia de su compañero de camino.
María Elena tenía todo el tiempo del mundo para agradecer. Y no dejaba de hacerlo, con lo cual los motivos de su agradecimiento se multiplicaban.
Descubrió María Elena que el regalo del tiempo debía tener su contrapartida. Y entendió que tenía que dedicar parte de su sagrado tiempo al servicio.
Servicio amoroso, compasivo, desinteresado. Servicio necesario para equilibrar tantas bendiciones que María Elena recibía constantemente.
Y entre las muchas cosas que hacía gracias a tener tanto tiempo a su disposición, empezó a dedicar tiempo a los demás.
Empezó por los seres que tenía más cerca: sus hijas y nietos. A ellos les dedicaba un tiempo valioso de escucha y silencio. Un tiempo de juegos y de cocina sabrosa y amorosa.
También dedicaba parte de su tiempo a la lectura y la escritura, a la música y la poesía, a la meditación y la conversación sanadora con su pareja sagrada.
Dedicaba tiempo a sus amigos y conocidos, a motivar a los seres a vivir y ser felices y libres.
Dedicaba tiempo a ‘perder el tiempo’, para ganar silencio y consciencia. Para escuchar su respiración y su corazón. Para ser Una con el Todo y unificarse con la Tierra y los elementos.
Para escuchar a los pájaros y mirar las estrellas, para acariciar a los perros y maullar con los gatos, para cerrar los ojos y ver la cara de Dios.
Y entonces María Elena decidió ser eterna y parar el tiempo que hacía ya tiempo, se había rendido a sus pies.
Y Así Es🙌 como desde ese momento María Elena es la guardiana del Tiempo.