Pequeño ejercicio de descompresión para acallar la mente y abrir el corazón.
Desconecta el móvil, mírate al espejo, mira esa ternura que llevas adentro.
Abre las ventanas, deja entrar al viento, él te dice cosas si tú estás atento.
Cálzate tus botas y no tengas miedo, camina despacio, llegarás más lejos.
Y no digas nada, sólo escucha inmerso en ese silencio lleno de misterio.
No esperes a nadie, si no están dispuestos. Somos seres únicos, distintos, diversos.
Lo que a ti te sirve no siempre es lo mismo que le sirve al prójimo, ama el desapego.
Y así, poco a poco, caminando lento, llegando sin prisa al próximo puerto…
Escuchando al viento, oyendo el silencio, bailando en las nubes, ronroneando en el tiempo…
Puede que algún día se calle por siempre ese mal nacido, ese pensamiento.
Se calma la mente, se acomoda el cuerpo, y sin darte cuenta recuperas el aliento.
