Podemos buscar, remover, indagar. Podemos rezar, cantar o llorar.
Podemos pedir, suplicar, implorar. Podemos leer, escuchar, estudiar.
Podemos vivir sin acabar de encontrar. Podemos errar y volver a empezar.
Porque falta algo y no sabemos dónde está. Porque estamos solos y nos duele la soledad.
Y no recordamos que vinimos a jugar. Que estaba pactado, que no hay casualidad.
Que todo es sencillo que solo hay que jugar, cómo cuando eras niño y lo hacías sin pensar.
Y no hay contrincante, ni bueno, ni malo. Todos los que estamos fuimos invitados.
Algunos son piezas para distraernos, porque el juego, hermano, lo jugamos dentro.
Pactamos los roles, somos personajes, conocer el juego es dejar el traje.
Si entiendes el juego, se acaba el misterio, diviértete mucho, siempre eres eterno.
Buscando el Origen, llegamos aquí, sin saber que Dios vive siempre en ti.
Y cuando recuerdas, cuando ya lo sabes, respiras en paz y en calma, sin prisa, juegas con conciencia, con amor y risas.
Somos jugadores, la mente lo sabe y es el corazón quién gana de calle.
Porque eres Amor. Juega pues sin miedo, Dios juega contigo, Él creó este juego.