Sin creencias, con conciencia, confío en lo que yo siento.
Respiro, cierro los ojos y doy las gracias a Dios, que resulta que soy yo.
Y no es ego, ni incoherencia, no es fantasía o demencia.
Es la absoluta Verdad. Soy Dios en su inmensidad.
Un trocito de la Fuente, una experiencia consciente
del Amor del que provengo y al que seguro que vuelvo.
No lo creo, yo lo sé. Tampoco es cuestión de fe.
Es confianza en mi misma y en mi eterno y puro Ser.
Al acecho de mi ego, de mi vida, de este Juego
que juego con libertad, con alegría y bondad.
Procuro no hacerme trampas, no hay enemigos afuera.
Yo soy la causa primera, de esta experiencia dual, en este mundo mortal.
He entendido bien las reglas, ya he ganado la contienda.