Yo he parido a dos niñas, un regalo del universo. Engendrar y parir no se puede comparar con nada que hayas hecho. Es un privilegio que, hasta ahora, las mujeres seguimos teniendo.
Pero tuve otro hijo que no llegó a nacer, se quedó chiquitito en mi vientre de papel. Y regresó a las nubes y regresó al Amor y casi no lo recuerdo, pero sé que existió.
Y tengo un cuarto hijo, uno grande, gigante. El hijo de mi amado, y aunque nunca seré su madre, lo amo como a un hijo, lo recuerdo inocente y hoy se ha convertido en un hombre imponente.
Mis hijos son semillas de amor universal, que llegaron al mundo, que quisieron encarnar. Y no me pertenecen, no los puedo alcanzar, ellos vuelan tan alto… Aprendieron a volar!!!
Yo estoy aquí aprendiendo cada día un poco más, de su enorme coraje, de su gran voluntad. De su ser impoluto, de su infinita bondad.
Yo tengo cuatro hijos y me siento inmortal.