No he perdido la inocencia a pesar de la vejez, me siento como una niña que se olvidó de crecer.
Y practico la utopía y no llevo bien perder y en los ojos de mi nieto, siento que te vuelvo a ver.
Los tuyos eran celestes, como el cielo, como el mar que te acoge desde el día en que te fuiste, mamá.
Y te siento en esta gata que está a punto de marchar y yo lucho igual que entonces, no acepto la realidad.
Del amor a la inocencia, cargada de soledad, me siento bien con mis mocos y mis lágrimas de sal.
Me restriego en la tristeza de lo que no puedo cambiar y confío que es la luna la que hoy me invita a llorar.
Del amor que nunca olvido, ése que me trajo aquí, a la inocencia del niño que murió dentro de mi.
Vuelvo a mirarme a la cara, me reconozco feliz y agradezco por la vida y lo que está por venir.
Del amor, de la inocencia, reacomodo el corazón, me sacudo la impaciencia y continuo mi misión.