No fue el azar, ni la suerte. No fue el karma, ni el destino, nuestro encuentro fue divino y va más allá de la muerte.
Viene de tiempos remotos, de galaxias, de universos, de antiguos mundos. De cuentos, de bellos sueños, de nuestro infinito amor.
Nuestro encuentro fortuito lo dibujó el mismo Dios, para que juntos tú y yo, creemos el paraíso.
Somos Uno, hermano mío. Somos Uno, amado mío. Tú eres yo mismo y distintos somos Uno con el sol.
Con la luna y las estrellas, con la tierra y con el mar*, con la conciencia universal.
Somos Uno como Dios.
*mediterráneo 23 de junio de 1992*