Vacas, abejas y viento, fenomenal complemento para conectar con Dios y los sagrados elementos.
Pastos, nubes y ternura, flores verdes, hermosura. Todo vibra en equilibrio desde este monte perdido.
Camelot, ciudad etérica, donde el rey Arturo reina. Donde puedes ver a hadas tejiendo lindas guirnaldas.
Donde habita el paraíso, donde el cuervo hace su nido, donde el tiempo se detiene y tu corazón deviene un ser puro y cristalino, digno de este lugar divino.
Camelot, lugar de los sueños, aquí no caben los muertos. Aquí la vida respira, verde, pura, maravilla.
Gracias Camelot querido, volver aquí es un retiro, un recuerdo, una añoranza, un lugar de tolerancia. Donde los sueños se cumplen, donde nunca más se sufre.