Esos ojos que todo lo saben, esos ojos que todo lo ven. Ojos de sabiduría, de inocente candidez.
Esos ojos tan antiguos a pesar de ser bebé, que conocen los secretos, que saben lo que hay que hacer.
Son los ojos de mi nieto, ojos de infinito amor y de ternura infinita. Los ojos de un ruiseñor que se ha convertido en niño para mirarte mejor.
Theo el mago, el exquisito. Theo el niño ruiseñor. El deseado, el prometido. Theo, el hijo del amor.
Tu risa sana las penas, tu rostro es como una flor. Huele a cereza y a lima, huele a manzana y a sol.
Hablas sin tener palabras, miras, como mira Dios. Theo, el nieto de mi alma, gracias por tu Ser, mi amor.
Agradecida a mi hija y a su querido varón, porque han traído a esta vida a un alma que es puro Amor.
Dios os bendiga, queridos y os colme con lo mejor. Os espera el universo, así lo decreto yo.