En esta recta final, no me arrepiento de nada. Me costó mucho empezar y no lo hice con desgana.
Le eché valor a la vida, aprendí de la mejor, la que se fue muy temprano y huérfana me dejó.
Y aunque no fui muy valiente en deportes y contiendas, fui guerrera y combatiente, incansable y predispuesta.
Y estoy bien y me lo creo, no lo digo por decir. Me siento bien con mi cuerpo y con todo mi sentir.
Y puedo estar en silencio, acompañada de ti, sin tener remordimientos, porque me costó sufrir noches de ese insomnio eterno donde aprendes a vivir.
Trabajé lo más sagrado, el más sagrado perdón, aceptando que a tu lado, se vive mucho mejor.
Y perdoné tus desmanes y perdoné mi inconsciencia y abracé las bendiciones que nos llegan cuando abrazas la conciencia.
Y estoy bien y así lo digo a quién lo quiera escuchar, aunque no me importa mucho si te parece fatal.
Estoy bien cuando es verano y agradezco por el sol y en el invierno sagrado me acurruco en una flor.
Y estoy bien en primavera cuando empiezo a despertar de esta vida bendecida por dios y la eternidad.
Y me gustan los domingos y las fiestas de guardar y si es lunes y hace frío, me gusta mirar el mar.
Y celebro las mañanas cargaditas de ilusión cuando mi nieto me mira y me alegra el corazón.
Y por las noches te rezo y doy las gracias a Dios por el inmenso regalo de vivir con la misión de seguir viendo la vida con infinito Amor.