Pequeñita, respingona, pizpireta, respondona.
Amiga de sus amigos, generosa y hacendosa.
Es mi prima más hermosa. La que está siempre dispuesta,
la que nunca tiene un no, la que tiene más paciencia.
Es mi prima favorita, la prima sabia y bendita.
La que encontré de mayor, la que no tiene rencor.
Es la prima que quisieras tener a todas las horas.
Ella tiene las respuestas, siempre gana las contiendas.
Es paciente, reservada, casi nunca preocupada
por el qué dirá la gente, aunque a veces bien le cueste.
Y no lo cree, ni lo dice, y a lo mejor ni lo sabe…
Pero yo te digo, bella, que tienes luz en tus ojos
aunque a veces duerman poco.
Que tu alma es pura y bella, aunque a veces sienta pena.
Y tu corazón hermoso, como el sol en el ocaso
de este día ya maduro, donde compartimos el futuro.
Yo te amo, Merceditas, la pequeña, la bonita,
la que nunca sonreía, la que apenas se reía.
Te amo, porque tu vida es ejemplo de alegría,
de valor, de buen hacer, de paciencia, de querer
ser feliz a toda costa. ¡Te lo mereces, mujer!
No me sueltes de la mano, porque el camino ya es plano.
Ya subimos muchas cuestas, ya nos toca hacer la siesta.