Cuando todo está en silencio escucho mejor a Dios.
Me abandono al desafío de escuchar solo mi voz que me susurra al oído: no hagas nada más, mi amor.
Todo está bien, no hay cuidado. Ahora toca descansar y agradecer cada día, la gran oportunidad.
Bendecida eres, hermana, no lo dudes nunca más.
Cuanto todo está en silencio, escucho la libertad.