Desde tu caparazón me das las gracias amigo y yo me siento feliz por haberte conocido.
Te he separado de mi, no puedes vivir conmigo, pero respeto tu andar, tan lento y tan invasivo.
Te gusta comer lechuga, no haces ascos a la col y a las hojas de pepino les tienes gran devoción.
Te entusiasman esas flores blanditas de corazón cuando les echas tus babas y las chafas con tu caparazón.
Eres muy maleducado y no tienes compasión, mi huerto es muy delicado, ¡ten cuidado caracol!
Hoy he sido compasiva y no te quiero matar, pero vete hacia otro lado o la vas a lamentar.