LA HERIDA PATERNA

Es profunda y lacerante, es una herida sangrante.

Se genera en la niñez, en esa tierna candidez donde todo es tan intenso…¡donde sanar cuesta tanto tiempo!

Es la herida con el padre, esa figura muchas veces cobarde, en el mejor de los casos.

Siempre es duro darse cuenta de que te ha fallado tu padre. Que no fue ése que tu niña necesitaba para ser valiente y llegar a hacerse madre.

Tu padre, ese hombre amado que amó a veces demasiado y no respetó los límites y se convirtió en tirano.

Tu padre, ese malnacido que un día abusó de ti. Tu padre ese ser humano que elegiste sin saber que era, tal vez, la persona que  te ayudaría a crecer.

Dale gracias a tu padre: al que nunca apareció, al que se fue o llegó tarde, a ése que nunca volvió.

Dale gracias aunque sientas que fue el hombre más perverso, egoísta, y desalmado…Tu padre fue otro niño huérfano.

Todos estamos sanando, en este tiempo bendito. Sanar al padre y la madre es el principio del camino.

Luego tendrás que lidiar con esa niña pequeña que nunca aprendió a llorar y siempre ocultó su pena.

Sanar es una bendición, pídele ayuda a tus guías. Haz una constelación y empieza a vivir la vida.

Para eso hemos venido, para eso vino él, porque tú padre y tu madre forman parte de tu ser.

Y si un día los perdonas y te perdonas a ti, notarás que de tu pecho el Amor vuelve a fluir.

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