Yo tuve un padre de lujo y una madre de bandera. A ellos les debo la vida además de mi buena presencia.
Les debo mi educación, mi carácter y mi raza, mi buena disposición, mis emociones innatas.
Honro y bendigo a mis padres y su camino sagrado. Fueron seres impecables con sus oscuros y claros.
Echo de menos sus voces, ese día a día lejano, donde sin mucha conciencia me educaron y me amaron.
Y forman parte de mi y por eso yo los amo, porque yo los escogí para vivir a su lado.
Mis padres viven en mi, yo soy su vivo retrato y me siento afortunada por haberlos conocido un rato.
Desde la abuela que soy, miro a la niña que fui y doy las gracias a Dios por seguir todavía aquí.
Y compartir el amor que de mis padres recibí, con todos mis descendientes y los que están por venir.
Al final sólo eso somos y para eso estamos aquí: para dar amor al otro y que el otro te lo dé a ti.
Gracias a mi padre y a mi madre y a todos mis ancestros que me precedieron en esta experiencia inolvidable.