En perfecta comunión, yo medito cuando escribo, sola en mi habitación.
Medito por la mañana, antes de que salga el sol, o después de saludarlo o por las noches mejor.
Medito cuando estoy sola, si estoy contigo también. Cierro los ojos, respiro y medito sin querer.
Medito y escucho bajito mi propia respiración, y mi corazón solito se llena de compasión.
Yo medito y me relajo y me siento mucho mejor, ya no me enfado contigo, me relajo y siento a Dios que me susurra al oído: bendita meditación.