Y sin darle muchas vueltas, te sientas, cruzas las piernas, cierras los ojos, respiras, pones recta la columna y dejas que fluya la vida.
Y aunque sientas resistencia o te de mucha pereza, insiste, cierra los ojos, no hagas caso a tu cabeza.
Respira entonces de nuevo y lo vuelves a intentar, un día será un minuto y otro una eternidad.
Te acostumbrarás de prisa, es cuestión de practicar, al principio será raro, al final te encantará.
Se te pasará el enfado, querrás dejar de pensar y la mente se hará a un lado hasta que se rendirá.
Y rebajarás la ira y dominarás la rabia y tendrás mejor humor y más unión con tu alma.
Y dormirás como un niño, mejorará tu salud, y el corazón al latir te querrá dar un abrazo por ayudarlo a sentir.
Nunca más estarás triste, descubrirás la virtud de ser gentil, amoroso, compasivo y generoso.
Se le llama meditar, es fácil, té va a gustar, no te costará dinero y hasta que te puede curar.
Sólo tienes que empezar…y un día sin darte cuenta, ya no lo querrás dejar.
Se le llama meditar.